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HOJAS  INFORMATIVAS

 

27 de septiembre 2012

Los yihadistas del norte de Mali listos para la esperada batalla

Francia urge al Consejo de Seguridad a aprobar la intervención militar

   Con el dedo en el gatillo y una mirada fulminante, Aziz Maiga, un yihadista maliense de 14 años, ordena al conductor del vehículo detenerse en la carretera que conecta la frontera de Nigeria con Gao, la localidad del norte de Mali bajo control de los islamistas. De inmediato comienza un registro por parte de jóvenes vestidos con uniformes militares o ropa de color caqui, zapatos negros y polvorientos y rifles colgados al hombro.

   Primera sorpresa: desde la frontera hasta Gao, casi todos los yihadistas desplegados provienen del África subsahariana. Hace unos meses la mayoría eran magrebíes. «Yo mismo estoy sorprendido», dice Hisham Hilal, un nigeriano que dirige una katiba [unidad de combate]. «Todos los días tenemos nuevos voluntarios de Togo, Benín, Nigeria, Guinea, Senegal, Argelia, y de otros lugares», añade.

Islamistas en Gao

   «Ya que la gente quiere estar en guerra con nosotros, tienen que saber que aquí no hay diferencias entre Muyao (Movimiento para la Unidad y la Yihad en el Norte de África), Ansar Dine (Defensores del Islam) y AQMI (Al Qaida en el Magreb Islámico). Todos somos muyahidines. Un muyao puede estar en el sur, en el este o en otra parte. En todas partes estamos en casa», afirma Hilal.

   «Estamos listos para la batalla. Esperamos la llegada de las tropas francesas o africanas», afirma un joven marfileño, en momentos en que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) se prepara para enviar a Mali tropas africanas para ayudar a Bamako a reconquistar la ciudades de Gao, Tombuctú y Kidal, con el «apoyo logístico» de Francia.

   En Nueva York, en una reunión simultanea a la Asamblea General de la ONU, el presidente François Hollande pidió ayer una reunión urgente del Consejo de Seguridad para legitimar la intervención militar.

   En Gao, que pasó a estar a finales de junio bajo el control del Muyao, camionetas con banderas negras y cargadas de armas y combatientes -cada vez más jóvenes- circulan constantemente.

   En la sede de la policía islámica de Gao, nuevos voluntarios afirman haber venido para ayudar a sus «hermanos muyahidines». «Me llamo Jalil, soy egipcio», dice un hombre alto en árabe, traducido por su compañero sierraleonés. Otro hombre, que habla en inglés y que afirma ser pakistaní, afirma que «el islam no tiene fronteras». Cerca del aeropuerto, dos campos de entrenamiento acogen a decenas de combatientes. «Dicen estar dispuestos a morir», dice un funcionario. Aunque egipcios y pakistaníes han tomado el control de la policía islámica de Gao, los argelinos están en primera línea: la carretera que lleva a Bamako.

Tabaco o Paracetamol

   Los ocupantes de Gao imponen la sharia a sus habitantes. El día 10 a cinco acusados de atacar un autobús se les amputó una mano y un pie a cada uno. Ninguna radio difunde música y las mujeres deben usar el velo o corren el riesgo de ser multadas o encarceladas. Pocos se atreven a fumar en público. Para comprar tabaco existe un código secreto: se le llama paracetamol.

   Los islamistas, tolerados por la población al inicio de la ocupación, son cada vez más impopulares. Sin embargo, los mercados rebosan de gente y los alimentos básicos no faltan.

   Los clientes que comentan una posible intervención militar se pronuncian «en contra». «Cuando los elefantes luchan, es la hierba la que sufre.

   Los elefantes son los yihadistas y el Ejército de Bamako, con el apoyo internacional. La hierba son los pobres civiles, nosotros», explica fatalista Mahaman, un funcionario jubilado.

  

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

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