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HOJAS INFORMATIVAS

 

 3 de septiembre de 2007

"¿Quo vadis, domine Obiang?"

de Humberto Riochí, Portavoz del MAIB

   Humberto Riochí, Portavoz del Movimiento por la Autodeterminación de la isla de Bioko, nos envía el artículo siguiente:

   "Guinea Ecuatorial es un país en el que la naturaleza ha derrochado  todas sus bendiciones. Sin embargo, necesitamos para alimentarnos, de las hortalizas, frutas, aceite etc. que provienen de los países vecinos, especialmente de Camerún. Y esta situación persiste porque el “efecto demostración” de Obiang y los suyos ha desplegado toda su virtualidad en el tejido social guineano. Nadie quiere trabajar, todo queda fiado al pelotazo, los trapicheos, cambalaches y las mordidas del petróleo.

   Somos al mismo tiempo uno de los pocos países del mundo que no manufacturan nada. Cuando decimos nada, estamos exprimiendo al máximo la dimensión semántica del vocablo. Nuestra dependencia de las importaciones de productos foráneos, que nos llegan de Europa o de los países de nuestra área de influencia económica, es tan grande que, cualquiera emergencia o catástrofe natural, por mínima que sea, podría dar al traste con todo y situar al país en una crisis alimentaria  de dimensiones insospechables.

   Obiang lleva desde 1979 cantando la canción de la potenciación y la diversificación agrícola y nada se ha hecho hasta la fecha. Seguimos en el mismo punto en el que nos encontrábamos, y en algunos casos la situación ha retrocedido ostensiblemente. El éxodo masivo que se está produciendo del campo a la ciudad tiene su primera explicación en la ausencia de `planes de choque que puedan significar una revalorización del sector agrícola y de los agricultores.

   A la elefantiásica Administración creada por Obiang, después del “boom” del petróleo, no se le ha ocurrido utilizar los excedentes dinerarios para subvencionar algunas parcelas de actuación de este sector, a fin de estimular la producción nacional de algunos productos agrícolas.

   La artrosis institucional con el lema de: “roba todo lo que puedas, que para eso te he nombrado” está sirviendo de freno de las pocas iniciativas privadas que tímidamente se están produciendo en el país. El panorama es tan lúgubre que no sorprende nada que muchas veces a nivel nacional no se pueda encontrar productos básicos cuya producción no necesita de especializaciones extraordinarias que vayan más allá de la voluntad de querer hacer. 

   Esta verdad palmaria que evidencia la incompetencia del señor Obiang y su Gobierno, invita a rasgarse las vestiduras cuando uno se entera de que el “mandamal” guineano se ha trasladado estos días a Harare para inaugurar ferias campestres mientras sus súbditos y sus campos se mueren de/por inanición. Que además se regodee en la eterna adjudicación de culpas a las políticas coloniales como diques para el desarrollo de África y de Guinea Ecuatorial, cuando el  lleva veintiocho años sin dar golpe para que llegue el progreso a su país, es algo que clama al cielo.

   El ejemplo del  cacao que se le ocurrió utilizar como paradigma para despacharse a gusto en Zimbabwe, es harto  elocuente a la hora de demostrar lo que no se puede, ni se debe, hacer en política. Porque a finales de los años sesenta, Guinea Ecuatorial llegó a producir unas 44.000 toneladas de cacao. De esta cantidad, 42.000 toneladas eran cosechadas en Bioko y el resto en Río Muni. Estas cifras más allá de su relevancia porcentual a nivel mundial, tenían la ventaja de situarnos como el país productor del mejor cacao del mundo frente a gigantes mundiales como Ghana, Costa de Marfil o Brasil.

   Macías, con la expulsión de los colonos españoles y la mano de obra nigeriana, ambos colectivos motores de la economía del país cuando accedemos a la independencia, sentencia este sector agrícola  al ostracismo. La producción desciende drásticamente y pasamos de las cantidades apuntadas a situarnos en una orquilla de 4.000-6.000 toneladas/año.

   Con Obiang en el poder, esta tendencia no ha conocido mejora alguna. Y es que el sector del cacao, además de fundamental para economía guineana (hasta que llega la maldición del petróleo), tiene una importancia social única. Este sector ha servido desde siempre y hasta la fecha para cubrir las necesidades de renta de las clases más desfavorecidas de la población guineana, y entre esta, no solo están los bubis, sino muchos fang que no pueden participar del “obianguemado convite nacional”.

   Recordarle al señor Obiang, al hilo de las manifestaciones irresponsables que realiza en Harare que, el cacao (producto estrella),  el café y un porcentaje altísimo de la madera, desde principios del siglo pasado hasta la fecha, nunca  sirvieron  para consumo interno. Su utilidad estuvo y sigue estando en la exportación para equilibrar una siempre deficiente balanza nacional de pagos hasta que se descubrió el oro negro.

   Desde 1994, Obiang ha tenido tiempo y recursos para robustecer este sector con medidas gubernamentales de apoyo consistentes en subvencionar los insumos utilizados por los agricultores, y con ello estimular la producción;  frenando al mismo tiempo el éxodo masivo que está convirtiendo las grandes ciudades del país en  inhabitables. Además de haber contado y seguir contando  con grandes excedentes dinerarios del petróleo para hacer transformaciones en los modos de producción y  en rebajar los costes del sector.

   Todo lo anterior con ser malo, se convierte en peor cuando el señor Presidente  promete a los agricultores una pequeña bonificación de la cosecha del pasado año y no cumple. Quiero decir: los productores del cacao no han cobrado hasta la fecha, que se sepa, los dineros de sus largas jornadas de trabajo en el campo. Y la situación se hace pésima cuando Obiang, en pleno mes de agosto, y con la cosecha perdida para los menos pudientes, convoca a 200 personas para repartirles calderillas (300.000 euros) como créditos-puente. Téngase en cuenta que, solamente en Bioko, existen entre bubis y fang dedicados a las labores del cacao, más de 6.000 familias. Ni que decir tiene que los adjudicatarios de las irrisorias cantidades no han necesitado nada más que sus rentas de situación en el tablero nacional para ser beneficiarios de los créditos, mientras los agricultores, los auténticos necesitados y protagonistas, son ignorados.

   Si Macías estatalizó todas las propiedades coloniales tanto rústicas como urbanas, para acto seguido ponerlas en manos de sus altos funcionarios como administradores, la cosecha de Obiang ha sido regalar a sus amigos y allegados, y a título de propiedades personales todo aquel caudal económico. Con este cambio, los agricultores se han tenido que convertir en  aparceros, o cuando menos, trabajar a destajo, dependiendo de los caprichos de incompetentes que al fin y a la postre, las concesiones les fueron hechas para que pudieran quedarse con las exiguas plusvalías que resultan de las cosechas. La tierra debería ser para los que la trabajan y no para ladrones y  teóricos de salón.

   Mas allá del tema del cacao, Obiang cuenta en el “haber de su desgobierno”. con la nada desdeñable situación de que el picante, el ñame, los limones, las hortalizas, las frutas, el aceite…etc., un mes sí, y otro también, escasean en los mercados del país; pese a ser todos  importados por falta de políticas nacionales capaces de frenar la sangría y el hundimiento de las rentas de los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. Mientras, las tierras fértiles del territorio nacional se mueren de risa, y todo el mundo está ocupado y preocupado en participar de la ceremonia de la confusión y el desorden, buscando la manera de sablear al vecino para escalar posiciones en la interminable pirámide corrupta y corruptora del sistema.

   No descubro nada si digo que países de nuestro entorno como  Camerún y Gabón y otros lejanos como Venezuela o Indonesia, utilizaron sus excedentes del petróleo para modernizar sus sectores agrícolas. ¿Hasta cuando señor Obiang?

   De sobras se conocieron las ganas y especial interés que tuvo el señor Presidente en colocarnos en la antigua UDEAC, hoy Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC).  Pero, además de sus necesidades personales de contar con divisas para evadir capitales y apoyos para justificar su dictadura, los guineanos nos preguntamos: ¿De qué nos sirve estar en la CEMAC? ¿Qué le vamos a vender a los chadianos, cameruneses, gaboneses etc.? ¿Nuestra presencia en esta organización queda justificada con los depósitos multimillonarios que a título personal a colocado el señor Presidente en el BEAC (Banco de los Estados de África Central)? ¿Es ésta la concepción que tiene y tienen su expertos de una unión económica? ¿...? Si Dios no lo remedia mejor será que nos pillen a todos los guineanos bien confesados.

   Señalar finalmente que, desde siempre, Obiang y sus Gobiernos han vivido y viven en la creencia de que la cooperación bilateral o la multilateral nos solucionarán los problemas. Craso error, señor Presidente. Los países que han conocido el despegue económico se lo han currado. Cualquiera de los pueblos y presidentes  que va visitando para comprar simpatías y  rebajar la presión de su dictadura podrá darle “know-how”,  pero el resto lo tendrán que poner los guineanos a los que ningunea. Lamentablemente estos están  tan “bien educados”  por su pedagogía, resultado de sus manías persecutorias de: “vigila y delata a tu padre, a tu madre, a tu hermano y todo lo que se mueve y habrás cumplido. Te daré el cargo que quieras, serás como yo, ladrón de guante blanco” que nos tememos que pocos remedios existan a corto plazo. Porque en Guinea Ecuatorial, nadie quiere trabajar, estaría perdiendo el tiempo. ¿Es este el país en el que quiere que vivan mañana sus multimillonarios hijos  señor “mandamal”? ¿Quo vadis, Domine Obiang? ¿Dónde vas? ¿Dónde nos conduces?" 

 

 

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