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HOJAS  INFORMATIVAS

 

17 de octubre de 2012

Rebeldes y carestía de la vida. SOS por la población del norte de Malí

   No sólo las consecuencias diarias del conflicto armado, sino también las recientes inundaciones que destruyeron las cosechas y diezmaron el ganado, son aspectos de la difícil suerte que vive la población del norte de Mali, un amplio territorio controlado por grupos armados islámicos y tuareg. La alarma fue lanzada por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) que desde hace meses trabaja junto a la Cruz Roja maliense en la distribución de ayuda alimentaria destinada a cerca de 420.000 personas en las regiones de Mopti, Gao, Kidal y Timbuctú.

El conflicto armado y las recientes lluvias empeoran las condiciones de vida

   “La alimentación es ya un problema para la población que se quedó sin trabajo y por lo tanto sin dinero pasa poder comprar los productos básicos. Los precios son tres veces superiores a los normales en este período del año, el de las cosechas”, dice a  MISNA Germain Mwehu, portavoz del CICR, señalando que la situación se ha agravado aún más por el hecho de que “a causa del conflicto en los últimos meses los campesinos no han recibido semillas y materiales útiles par el cultivo que habitualmente les llegan desde el sur del país”. Como consecuencia, las cosechas son escasas y “lamentablemente los pocos terrenos sembrados se inundaron con las recientes lluvias, sobre todo los que se hallan en las inmediaciones del río Níger, que se desbordó”, agrega el trabajador humanitario. Además, el agua arrastró muchas cabezas de ganado, aumentando el peligro para la supervivencia de la gente que vive en zonas muy extensas, áridas y carentes de infraestructuras. Las intensas lluvias, el difícil acceso al agua potable y deficientes servicios sanitarios también tuvieron consecuencias en el campo de la salud. El mes pasado, el 30% de los 1.500 pacientes internados en el hospital regional de Gao padecía malaria.

   Desde Bamako el presidente de la Asociación Maliense de Derechos Humanos (AMDH), Moktar Mariko, informa a  MISNA de la “situación contradictoria” en que se encuentra la población de las regiones septentrionales. Por una parte, para lograr el consenso de la gente, los rebeldes “no permiten que falten los medicamentos, personal médico, con voluntarios que llegan incluso desde el sur, y garantizan la limpieza y seguridad de las calles”. Por otro lado, los rebeldes son responsables de “graves violaciones de los derechos humanos en nombre de la ‘sharia’ (la ley islámica), aplican castigos corporales extremos, sacando a mujeres y jóvenes de las viviendas, cerrando escuelas, etc.”.

   Parece en cambio mejorar la suerte de los malienses refugiados en Níger y que según datos oficiales serían por lo menos 50.000. “Hemos superado los problemas iniciales de las costumbres alimentarias de los malienses, que prefieren el arroz al maíz y beben mucho té. Mensualmente en los cinco campos de refugiados cada núcleo familiar recibe una ración alimentaria que incluye aceite, azúcar, arroz y frijoles”, dice a la MISNA Tidjani Amadou, de la Cruz Roja de Níger. Gracias a acuerdos firmados con el Fondo de las Naciones unidas para al Infancia (UNICEF) “ya hemos abierto algunas aulas para evitar que los jóvenes malienses pierdan la escuela a pesar de vivir en condiciones sumamente difíciles”, agrega el trabajador humanitario, destacando que “una inicial epidemia de cólera ha terminado”, y no oculta su preocupación por la seguridad de la zona, tras el secuestro de cinco colegas.

   Agencia MISNA, 17 octubre, 15h 38m

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

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