HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

 

ACTA DE LA PRIMERA SESIÓN PLENARIA. SEGUNDA FASE

   En Madrid, a diecisiete de abril de mil novecientos sesenta y ocho, en el Salón de Embajadores del Ministerio de Asuntos Exteriores, tiene lugar la Primera Sesión Plenaria de la Segunda Fase de la Conferencia Constitucional de Guinea Ecuatorial, bajo la presidencia del Excmo. Señor Don Fernando Mª Castiella y Maiz, Ministro de Asuntos Exteriores, y con la asistencia de las Delegaciones del Gobierno español y de Guinea Ecuatorial.

   La Delegación del Gobierno español está integrada por los siguientes señores:

   Excmo. Señor Don Gabriel Mañueco de Lecea, Director General de África y Próximo Oriente del Ministerio de Asuntos Exteriores.

   Excmo. Señor Don Marcelino Cabanas Rodríguez, Secretario General Técnico del Ministerio de Justicia.

   Excmo. Señor Don José Jorreto Múgica, General, Secretario General del Estado Mayor Central, del Ministerio del Ejército.

   Iltmo. Señor .Don Eduardo Vila Corpas, Capitán de Corbeta, del Ministerio de Marina.

   Iltmo. Señor Don Manuel Aguilar Hardisson, Director General de Impuestos Indirectos del Ministerio de Hacienda.

   Iltmo. Señor Don Dositeo Barreiro Mourenza, Jefe do la Sección de Asuntos Generales de la Jefatura Central de Tráfico del Ministerio de la Gobernación.

   Iltmo. señor Don Antonio Saavedra Patino, Director General de Jurisdicción del Trabajo, del Ministerio de Trabajo-

   Excmo. Señor Don Rodolfo Martín Villa, Director General de Industrias Textiles, Alimentarias y Diversas, del Ministerio de Industria.

   Excmo. Señor Don Luis Gómez de Aranda, Secretario General Técnico de la Secretaría General del Movimiento.

   Iltmo. Señor Don Joaquín Arnao Ruifernández, Coronel de Aviación, Subsecretaría de Aviación Civil del Ministerio del Aire.

   Excmo. Señor Don Leopoldo Zumalacárregui Calvo, Director General de Comercio Interior del Ministerio de Comercio.

   Excmo. Señor Don Joaquín Juste Cestino, Secretario General Técnico del Ministerio de Información y Turismo.

   Iltmo. Señor Don Enrique Salgado Torres, Director General del Instituto Nacional de la Vivienda del Ministerio de la Vivienda.

   Iltmo. Señor Don Juan Álvarez Corugedo, Gerente del Plan de Desarrollo de la Guinea Ecuatorial de la Comisaría del Plan de Desarrollo.

   Iltmo. Señor Don Manuel Blanque Tripiana, Teniente Coronel de Infantería del Alto Estado Mayor.

   Excusan su asistencia los Delegados de la Presidencia del Gobierno y del Ministerio de Educación y Ciencia, Excmo. Señor Don José Díaz de Villegas, Director General de Plazas y Provincias Africanas, e Iltmo. Señor Don Antonio Tena Artigas, Secretario General Técnico del Ministerio de Educación y Ciencia. El primero es representado en este acto y ocupa su sitio Don Eduardo Junco Mendoza, Secretario General de la Dirección General de Plazas y Provincias Africanas de la Presidencia del Gobierno.

   La Delegación de Guinea Ecuatorial está integrada por los siguientes señores:

   Excmo. Señor Don Federico Ngomo, Presidente de la Asamblea General.

   Excmo. Señor Don Enrique Gori, Vicepresidente de la Asamblea General.

   Ilmo. Señor Don Antonio N'Dongo, Diputado por Río Muni.

   Ilmo. Señor Don Miguel Edyand, Diputado por Río Muni.

   Ilmo. Señor Don Marcos Ropo Uri, Diputado por Fernando Póo.

   Excmo. Señor Don Bonifacio Ondo Edu, Presidente del Consejo de Gobierno.

   Excmo. Señor Don Francisco Macías Nguema, Vicepresidente del Consejo de Gobierno.

   Ilmo. Señor Don Antonio Cándido Nang, Consejero de Enseñanza.

   Ilmo. Señor Don Gustavo Watson, Consejero de Sanidad.

   Ilmo. Señor Don Luis Maho Sicacha, Consejero de Información y Turismo.

   Ilmo. Señor Don Agustín Eñeso, Consejero de Hacienda.

   Ilmo. Señor Don Alfredo Jones Niger, Consejero Nacional por Fernando Póo.

   Ilmo. Señor Don Andrés Moisés Mba, Consejero Nacional por Río Muni.

   Ilmo. Señor Don Edmundo Bosio Dioco, Procurador en Cortes por Santa Isabel. 

   Ilmo. Señor Don Ricardo M. Bolepa, Procurador en Cortes por Santa Isabel.

   Ilmo. Señor Don José Nsue Angue, Procurador en Cortes por Río Muni.

   Ilmo. Señor Don Pedro Econg, Procurador en Cortes por Río Muni.

   Ilmo. Señor Don Alfredo Tomás King, Procurador en Cortes.

   Señores Don Clemente Ateba, Don Antonio Eworo, Don Martín Mbo Nguema y Don Jovino Edu Mbuy, Representantes de Idea Popular de la Guinea Ecuatorial (I.P.G.E.).

   Señores Don Pastor Torao, Don Atanasio N´Dongo, Don Saturnino Ibongo y Don Alfonso Jesús Oyono, Representantes del Movimiento Nacional de Liberación de la Guinea Ecuatorial (M.O.N.A.L.I.G.E.).

   Señores Don Francisco Salome Jones, Don Justino Mba Nsue, Don Esteban Nsue y Don Estanislao Kuba, Representantes del Movimiento de Unión Nacional de la Guinea Ecuatorial (M.U.N.G.E.).

   Señores Don Mariano Ganet, Don Teófilo Bieveda, Don Gaspar Copariate y Don Francisco Douga Mendo, Representantes de la Unión Bubi.

   Señores Don Wilwaldo Jones, Don Carlos Cabrera, Don Manuel Nascimiento Ceita y Don Manuel Morgades Besari, Representantes de la Unión Democrática.

   Señor Don Vicente Castellón, Representante de la Isla de Annobón.

   Señor Don Lucas Beholi, Representante de la Isla de Corisco.

   Señores Don Adolfo Bote Ebola y Don Narciso Meseguer, Representantes del Grupo Ndowe.

   Señor Don Agustín Daniel Grange, Representante de la Minoría Fernandina.

   Señor Don Manuel Castillo Barril, Delegado en Madrid del Consejo de Gobierno de la Guinea Ecuatorial.

   Asiste al acto el Excmo. Señor Don Jaime de Piniés Rubio, Representante Permanente Adjunto de España ante las Naciones Unidas.

   Una vez situados en sus puestos los Miembros de ambas Delegaciones, y personas asistentes, a las veinte horas hace su entrada en el Salón el Excmo. Señor Don Fernando Mª Castiella y Maíz, Ministro de Asuntos Exteriores, quien fue recibido por los asistentes, puestos en pie. La Mesa Presidencial queda constituida por el Excmo. Señor Ministro de Asuntos Exteriores, Presidente de la Conferencia, el Excmo. Señor Don Ramón Sedó Gómez, Subsecretario de Política Exterior, Vicepresidente de la Conferencia, y el Excmo. Señor Don Gabriel Cañadas Nouvilas, Secretario General del Consejo Superior de Asuntos Exteriores y de esta Conferencia Constitucional.

  A continuación el Señor Ministro dijo:

   EL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES:

   "Excelencias, señores, amigos: Al reunimos nuevamente aquí, tengo el honor y la dicha de volver a encontrarme con una amplia y selecta representación del pueblo de Guinea. A los muchos lazos  que unen a España con sus hermanos guineanos y con esa tierra entrañable, se añade, en mi caso - que supongo es, también, el de muchos de los que me acompañan - la amistad que ha nacido a lo largo de estos encuentros.  Sean, por tanto, mis primeras palabras de bienvenida para todos ustedes y de satisfacción por la alegría que me produce el reanudar un diálogo que a buen seguro ha de ser trascendente.

   Anteayer hizo exactamente cuatro meses que nos separamos al terminar la primera fase de la Conferencia Constitucional.  El plazo de tiempo transcurrido no es corto, aunque tampoco puede ser considerado como muy dilatado si pensamos en la trascendencia del tema que nos ocupa. Esas semanas nos han permitido a todos estudiar con detenimiento las importantes declaraciones que fueron hechas por ustedes a lo largo de las Sesiones de la primera etapa de la Conferencia.  El conocimiento minucioso de cuanto aquí se dijo nos va a permitir en esta etapa final reanudar el diálogo sobre bases mucho más precisas. En cierto modo, el tiempo transcurrido, al clarificar muchas posiciones, nos ayudará ahora, permitiendo un ritmo mucho más acelerado a nuestros trabajos. Conociendo el objetivo final de nuestros esfuerzos podemos ahora, de mutuo acuerdo, fijar las etapas que nos quedan por recorrer y aplicarnos fervorosamente a dar cima a nuestra labor. Desde que nos separamos, tras la última sesión de la primera parte de esta Conferencia, no hemos perdido el tiempo. El receso - permitidme que emplee esta expresión que nos rebota del otro lado de los mares - el receso, digo, nos permitió considerar los muchos y graves problemas que se presentan ante nosotros y para los que era imperativo encontrar las soluciones más adecuadas. Fue preciso estudiar, también con detalle, los múltiples intereses comunes que la realidad de una larga convivencia ha ido creando entre nosotros y hubo que tener presentes, asimismo, las recomendaciones que las Naciones Unidas fueron aprobando en torno al tema.

    El Gobierno español ha tenido, pues que estudiar y ponderar una serie de elementos muy complejos y prever toda una gama de consecuencias. Ello ha significado problemas y dificultades, pero, como el Vicepresidente del Gobierno decía en las Cortes el pasado día 3, ¿qué país no tiene problemas? Lo importante es tener voluntad de resolverlos y en nuestro caso yo quisiera aseguraros que no solo existe esa voluntad sino que la nuestra es la mejor y más predispuesta de las buenas voluntades.

   Retrotrayéndome algo en el tema, diría que la buena voluntad de España en relación con Guinea viene muy de atrás. España se hizo presente en el África Ecuatorial en virtud de unos títulos jurídicos muy claros. Desde su origen esa presencia está marcada por el sello de un modo peculiar de llevar a cabo las tareas colonizadoras que siempre fue característico del español. El sentido cristiano de nuestras empresas y la consideración igualitaria de todos los hombres han dejado en el mundo una gran colectividad de puebles para los que la fe, el concepto de la dignidad humana y el amor a la libertad, son elementos esenciales de su personalidad histórica.

   No necesito, pues, extenderme en considerar la época puramente colonial de la presencia española en Guinea. Vuestra preparación cultural y vuestro sentido de la dignidad son muestras inequívocas de que casi dos siglas de convivencia no fueron inútiles.

   Me interesa mucho más detenerme, siquiera sea por unos instantes, en el proceso político próximo, en las líneas consecuentes de una política que ha pretendido, con ritmo pausado pero incesante, promocionar al pueblo de Guinea para que un día - felizmente próximo - pudiera transformarse en el protagonista de su propia historia.

   En 1959, cuando África entera se estremecía ante el impulso descolonizador, el Gobierno español quiso también acompasar su acción al ineludible signo de los tiempos. Dos caminos se ofrecían entonces como posibles o inventar todo un sistema para Guinea, alterando la trayectoria natural de su evolución, o colocar a Guinea en un plano de igualdad con las restantes tierras españolas para que nuestras instituciones, derecho y formas de vi­da la configurasen definitivamente como un pueblo hispánico.

   La LEY DE PROVINCIALIZACIÓN no tuvo otro fin. Concluyó con el sistema del patronato e igualó jurídicamente a todos los ciudadanos de la nación.  Se consiguió, así , preparar al pueblo guineano para posteriores grados de evolución.

   En 1963, la experiencia aconsejó un nuevo paso. Ahora ya no se trataba de igualar sino de perfilar una personalidad distinta, propia, similar si queréis, pero perfectamente diferenciada0 El Régimen de Autonomía significa, por tanto, un prudente ensayo de autogobierno limitado, un paso necesario en el camino hacia la personalidad propia, un entrenamiento y un claro anuncio del futuro.

   Evidentemente , y porque éste es el tributo que hay que pagar a nuestra condición humana, en ambas etapas no siempre el acierto fue completo, no todas las disposiciones resultaron adecuadas, no todas las gentes respondieron del mismo modo. Sin embargo - si dejamos de lado un espíritu hipercrítico - hay que reconocer que los errores fueron de orden menor y los aciertos, en cambio, nos han traído a la esperanzadora realidad actual. En pocos años pudo pasarse así de una situación de dependencia bajo tutela a la madures presente en los umbrales de la independencia.  El proceso permitió alcanzar en paz y en plena cooperación estos momentos históricos, los actuales, los que estamos viviendo. Tal vez algunos hubieran preferido seguir un camino distinto, tal vez otros han creído, en cierto momento, que el ritmo no era suficientemente acelerado, tal vez, incluso, haya quien siga estimando que España no actúa de buena fe. No importa. En la Historia, son los resultados los que cuentan y el fruto de la colaboración entre nosotros está ya bien a la vista y al alcance de la mano.  ¿Puede cualquier otro pueblo africano exhibir un proceso más claro, pacífico y constructivo?

   El régimen de autonomía, aprobado por un Referéndum en 1963, entró en vigor el año siguiente teniendo sus magistraturas electivas un plazo de validez de cuatro años. El funcionamiento del sistema demostró, al ser contrastado con la experiencia, ciertas dificultades y algunos defectos, pero permitió la aparición de fuertes personalidades, la creación de unos cuadros políticos y el entrenamiento de todo una clase dirigente. La vinculación institucional de las magistraturas del Régimen Autónomo con las instituciones representativas peninsulares dio, además, la oportunidad a los líderes guineanos de conocer con detalle el funcionamiento interior del Estado español, experiencia que puede ser utilísima cara al futuro, y les permitió establecer relaciones personales directas con los representantes y los gobernantes de la Nación. Al margen de los cauces legales han nacido, pues, toda una serie de vínculos privados que pueden tener la mayor trascendencia en los años venideros Ahora bien, desde 1966 era evidente que ciertos sectores de opinión y algunos dirigentes propugnaban la independencia como meta a alcanzar en 1968. Tales actitudes cobraron mayor volumen en 1967. Sin embargo, la verdad es que esos sentimientos independentistas fueron materializados ante las Naciones Unidas y no ante el Gobierno español. Se pidió la independencia con motivo de la visita de un Subcomité de las Naciones Unidas realizada a Guinea en agosto de 1966 por invitación vuestra refrendada por el Gobierno español; se pidió, también, por actuaciones personales o comunitarias ante el Comité de los 24 o ante la IV Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero no se pidió directamente a través de las instituciones legales que el Régimen Autónomo había creado o por conductos directos siempre fáciles de utilizar.

   De tal suerte, el Gobierno español se encontró frente al dilema de creer, por un lado, que existía un sentimiento favorable a la independencia aunque de volumen desconocido, o de pensar, por otro, que dicho sentimiento no era mayoritariamente respaldado por la población o por un gran sector de los representantes elegidos. Como, a su vez, era preciso prever, en 1968, una renovación del Régimen Autónomo - al llegar el momento en que se cumplían los cuatro años de mandato de sus autoridades -, el Gobierno decidió convocar esta Conferencia Constitucional con el fin de conocer directamente, a través de las instituciones electivas y de los grupos políticos, los auténticos deseos de los representantes del pueblo de Guinea.

   La primera fase de la Conferencia puso de manifiesto dos cuestiones esenciales. La primera, que la gran mayoría de los asistentes pedía la independencia para 1968, no oponiéndose a esa idea uno solo de los miembros de la Delegación que asistió a las deliberaciones; y la segunda, que las propias autoridades del Régimen Autónomo, por boca de sus más altas magistraturas, consideraban que el sistema había sido ya superado y que carecía, por ello, de auténtico valor representativo.

   Es cierto, también, que algunos representantes de la isla de Fernando Póo pidieron ejercer una autodeterminación separada - previa a la independencia - pero en ningún momento se opusieron al principio general que defendía la independencia como meta. Como el resto de la Delegación guineana, esos representantes de la isla de Fernando Póo prefirieron también esperar a recibir una respuesta política del Gobierno español antes de entrar a considerar los diversos problemas materiales que la nueva situación necesariamente iba a crear.

   Ante esas circunstancias se creyó preferible dar por terminada la primera fase de la Conferencia y esperar - para celebrar la segunda - a que el Gobierno español pudiera adoptar una posición definitiva. Como dije antes, eran muchas las cuestiones a considerar tanto por parte española como por parte guineana ya que, desde el punto de vista de ustedes, tampoco faltaban los problemas y era preciso que de algún modo se meditase sobre el conjunto de ideas que la Delegación española les expuso en la última de las reuniones celebradas en el mes de noviembre.

   El problema previo - que el Gobierno estimó urgente resolver - consistía en suspender la vigencia del régimen autónomo, teniendo en cuenta el criterio de sus propios mandatarios. Un primer paso en ese sentido lo constituyó el Decreto-Ley de 17 de febrero pasado, por el que se suspendía el proceso electoral que debía haber renovado todos los cargos electivos y por el que se prorrogaba transitoriamente el mandato de las actuales autoridades con el fin de no producir un vacío imposible de colmar en esos momentos de transición.

   Pero el Decreto-Ley significaba algo más. Indicaba con claridad cuál podía ser la posición futura del Gobierno español al considerar el problema de fondo. Así, por ejemplo, en el preámbulo de ese texto legal se decía textualmente:

   "Las actas de las sesiones celebradas, recogiendo las declaraciones hechas, ponen de manifiesto que los representantes del pueblo de Guinea aspiran a completar, con la independencia, su personalidad política, modificando su relación actual con el Estado español".

    Y el preámbulo añadía:

   El Gobierno, a la vista de esas circunstancias, ha acordado tomar en consideración las declaraciones formuladas en aquella Conferencia”. y... “considera oportuno reanudar los trabajos de la Conferencia Constitucional en una segunda fase”.

   El propósito estaba, por tanto, muy claro a partir de ese texto. Para cualquier buen entendedor las frases que he citado y otras que se contenían en el mismo preámbulo, demostraban que, aun con las cautelas propias del caso, la dirección que el Gobierno español estaba decidido a imprimir a los trabajos de esta segunda fase que hoy iniciamos, no podía conducir mas que hacia la independencia de la Guinea Ecuatorial.

   Sin embargo, no todo el mundo interpretó ese texto legal con suficiente precisión. Pronto percibimos, en efecto, que habían surgido dudas, inquietudes y recelos.  Es más, comprobamos que en pequeños sectores, se estaba materializando, incluso, una profunda y peligrosa desorientación. Diversas pueden ser las causas que llevaron a crear ese clima confuso; sean cuales fueren, el hecho en sí era sencillamente lamentable ya que pudo enturbiar la transparencia de un diálogo en el que lo único que perseguía el Gobierno era conocer con precisión los auténticos deseos del pueblo de Guinea.

   A la vista de esa situación y para deshacer cualquier malentendido, el Gobierno decidió convocar para el día de hoy -primera fecha factible- la apertura de la segunda y definitiva fase de la Conferencia Constitucional.

   Ahora bien, simultáneamente se estaba ocupando del tema el Comité de los 24 de las Naciones Unidas y también en Nueva York parecía haber cundido una cierta confusión. La Delegación española se vio, por ello, obligada a puntualizar en diversas ocasiones la política que España estaba siguiendo, explicando con un cierto detalle cuáles habían sido las diversas etapas y las incidencias que en ellas habían influido. El 29 de Marzo pasado, nuestro Representante, Señor Piniés, aquí presente, precisó de un modo concreto cuál iba a ser la actitud inequívoca que España pensaba adoptar.

   Al referirme a las Naciones Unidas no quiero de­jar de señalar que, desde el año 1960, la política española ha sido la de colaborar lealmente con las directrices descolonizadoras marcadas por la Organización. Esa colaboración venía impuesta por dos razones distintas. La primera, arranca de la vieja tradición española magistralmente sistematizada por los grandes pensadores del Derecho Internacional que explicaron sus doctrinas en las Universidades de Salamanca y Alcalá. Para España, el respeto a la personalidad de los pueblos sometidos a tutela no es nuevo, como no era nuevo tampoco el reconocimiento de la plena personalidad de un pueblo cuando éste alcanza su madurez histórica. La segunda, deriva del hecho de que España pertenece a las Naciones Unidas por decisión voluntaria y, por consiguiente, acepta, con pleno sentido de la responsabilidad, las obligaciones que se derivan de la Carta de la Organización que ha suscrito y las decisiones que la Asamblea General adopta como expresión del sentimiento general de la comunidad internacional. Cierto que algunas de las Resoluciones que han sido adoptadas en relación con nuestro tema pueden haber pecado de excesivas o de injustas en algún aspecto, pero nosotros comprendemos que la falta de conocimiento detallado de una situación y la inevitable pasión que envuelve la lucha por dar la independencia a los pueblos han podido, en algún caso, desfigurar la clara imagen que, en general, se desprende de nuestra actuación en Guinea. En suma, si en algún extremo existen diferencias de criterio en cuanto al detalle, yo puedo aseguraros que la voluntad del Gobierno español coincide plenamente en cuanto al fondo de esta cuestión con el espíritu que anima a las Naciones Unidas.

   Esos son, pues, los antecedentes.  Esa ha sido, expuesta de modo somero, la trayectoria que hemos seguido. Sé muy bien que ustedes esperan una respuesta del Gobierno español a las peticiones que le dirigieron en Noviembre. Por eso, al iniciar hoy esta segunda fase de la Conferencia me honro en este momento en transmitir a ustedes del modo más solemne, en nombre del Gobierno, la siguiente declaración:

   "El Gobierno español reafirma hoy el propósito de conceder en 1968 y en la fecha más próxima posible la independencia de Guinea Ecuatorial como una unidad política, sin perjuicio de salvaguardar la personalidad de la isla de Fernando Póo. El Gobierno, al encargarme de inaugurar este 17 de Abril la segunda fase de la Conferencia Constitucional, manifiesta que esta reunión tendrá por objeto la elaboración de una Constitución para Guinea Ecuatorial y la preparación de una Ley Electoral, que ambas serán sometidas a la consulta electoral del pueblo guineano por el sistema del sufragio universal de los adultos bajo la supervisión de las Naciones Unidas y que, tras esa consulta, se constituirá un Gobierno provisional con el fin de que pueda presidir la celebración de unas elecciones organizadas de acuerdo con la Ley Electoral previamente aprobada para que, de conformidad con la Constitución, se pueda dar paso al establecimiento de todas las magistraturas del Estado y de un Gobierno definitivo que acceda a la independencia en la fecha que mutuamente acordemos”.

   No caben, pues, más dudas ni recelos. España proclama que concederá la independencia a la Guinea Ecuato­rial en el plazo más breve posible; afirma, también, la unidad política de todo el territorio; señala con precisión el orden del día de esta reunión; establece el procedimiento en virtud del cual deben ser aprobados los textos constitucionales que darán nacimiento al nuevo Estado y fija, por último, las etapas definitivas que deben conducir a la transmisión de poderes.  España reconoce así los deseos expresados por ustedes en nombre del pueblo de Guinea en esta Conferencia Constitucional. Con su mejor afán de colaboración, el Gobierno español está dispuesto facilitar la nobilísima pero difícil tarea de crear las estructuras jurídicas de una nueva Nación independiente.

   Por supuesto, a partir de este momento, nuestra colaboración no puede ir más allá de las normas que el respeto a una naciente personalidad impone. La responsabilidad del futuro pertenece ya al pueblo de Guinea. España puede ofrecer su consejo, prestar su cooperación y garantizar el buen orden del período constituyente, pero no quiere ir más allá de los límites que su sentido de responsabilidad y su cariño por Guinea aconsejen como razonables.

   Dar nacimiento a un nuevo Estado no es, evidentemente, tarea fácil y sencilla. Los textos jurídicos, para que sean perdurables, deben procurar encarnar toda una serie de realidades humanas, sociológicas y económicas, sin las que el derecho quedaría reducido a una pura fórmula vacía. Los 190 años que hemos convivido juntos han creado todo un apretado tejido de relaciones superpuestas que ahora, en el momento de vuestra emancipación, no es fácil tampoco soslayar.

   Surgen así dos categorías de problemas distintas entre sí pero necesariamente conexas. La primera se refiere a las estructuras puramente políticas, a las normas fundamentales de organización del nuevo Estado. La segunda está relacionada con esos 190 años de convivencia, con los intereses comunes que ligan íntimamente no sólo a nuestros pueblos sino a muchos seres humanos concretos.

   Los problemas políticos, no obstante su complejidad son, relativamente, sencillos. Existen suficientes antecedentes y, con espíritu de comprensión, pueden ser resueltos con cierta rapidez a la vista de la experiencia propia y de la que cada día se refleja en el ámbito africano dentro del cual Guinea está inserto. La tradición española, dada vuestra cultura y formación, será un precedente importante, pero el futuro fundamentalmente africano que se abre ante vosotros debe de ser tenido en cuenta para no distanciar las instituciones y formas políticas de aquellas otras con las que, sin duda, habréis de mantener una estrecha relación. Una equilibrada solución entre esos valores históricos tradicionales y aquellos otros, actuales y futuros, en el marco continental que os rodea, puede dar la clave de vuestro éxito.

   La segunda categoría de problemas, por su misma complejidad, tal vez requiera un cierto plazo de tiempo con el fin de que la propia experiencia vaya mostrando las soluciones más convenientes. Ahora bien, complejidad no quiere decir confusión y España tiene el mayor interés en que, desde este mismo momento, se inicie una toma de conciencia de los numerosos aspectos que esa problemática presenta. España desea que el pueblo de Guinea y sus dirigentes conozcan desde el principio las bases sobre las que se pretende edificar el nuevo Estado. Los problemas económicos que están en el cimiento de toda la vida material de la nación, las relaciones de cooperación y los distintos intereses comunes que deben de ser defendidos, expuestos y analizados con el fin, no de adquirir compromisos en el momento presente, pero sí de esclarecer posiciones que permitan llegar a un diálogo sobre bases firmes. Entendemos a ese respecto que la mejor colaboración que España puede ofrecer en estas horas radica en el conocimiento concreto de unos datos y de unos supuestos sin los que toda construcción meramente política o jurídica caería pronto en la pura utopía, España quiere colaborar y está decidida a ayudar, pero estima preciso trazar las líneas generales del marco dentro del que entiende debe de moverse en el futuro.

   De la declaración gubernamental que antes he tenido el honor de hacer quiero comentar ahora un aspecto importante.  El Gobierno español entiende que la independencia de Guinea Ecuatorial debe de respetar la unidad política de todo el territorio aunque ello se haga teniendo en cuenta la personalidad de la isla de Fernando Póo. Esa solución unitaria ha sido adoptada con el fin de respetar los deseos de la mayoría y las indicaciones de todos los pueblos africanos agrupados en la Organización de Estados Africanos y de la comunidad de naciones congregadas en las Naciones Unidas. Pero es que, además , España no podía ir contra sus propios actos y deshacer ahora su paciente labor de casi dos siglos. Guinea Ecuatorial es una entidad cultural propia, diferenciada, tiene una lengua unificadora, unos nodos de vida comunes, una historia común vinculada a España, una personalidad hispánica definida y unas costumbres y tradiciones, modos de hacer y de creer, que la configuran como una unidad distinta del resto de los pueblos africanos próximos y hermanos, aunque diferentes.

   Ahora bien, ciertas condiciones materiales y el alejamiento entre sí de las diversas partes que componen la Guinea Ecuatorial, configuran con claridad personalidades regionales distintas que también merecen respeto y que España comprende, al contemplar su propia configuración. Encontrar un equilibrio entre la unidad y la diversidad es, por elle, la tarea más trascendente que hoy confronta a Guinea. Con emoción escuché en Noviembre pasado la defensa enardecida que de la propia personalidad hicieron algunos representantes de la isla de Fernando Póo. Al escucharles comprendí cuánto de auténtico y sincero había en la exposición del anhelo de defender unas peculiaridades que podían verse amenazadas al ser absorbidas por una mayoría distinta. La sinceridad del problema me ha preocupado desde entonces. Sin embargo, frente al nacimiento de una nueva nacionalidad, frente a ese mundo fabuloso que supone el conjunto de los pueblos africanos, pensé y sigo pensando que era posible mantener una unidad histórica que se justifica por múltiples razones de índole espiritual y superior. Por respetables que sean las peculiaridades locales más respetable es aún el afán de entendimiento y de convivencia que el pueblo pone de manifiesto a lo largo de la historia por el refrendo constante de una vida en común que hasta ahora fue siempre posible.  Frente a la tendencia disgregadora, España ha mantenido siempre en sus tierras el principio superador de la unidad. Frente a la parcelación -y os habla un vasco- nosotros hemos creído siempre en la unificación. No puede extrañaros, pues, que a la hora de decidir, cuando alborea la aparición de un nuevo Estado, hechura en cierto modo de nuestra propia tradición, nosotros propugnemos la unidad entre todos los hombres de Guinea como antes hemos defendido la unidad entre todos los hombres de España.

   Yo comprendo que pueden existir ciertas fuerzas y tendencias disgregadoras que intenten potenciar el localismo, pero en las horas transcendentales que va a vivir el pueblo de Guinea los hombres responsables, los auténticos hombres de Estado, los próceres de la independencia, estoy seguro han de saber sacrificar las tentaciones menores al servicio de la gran idea y del singular honor que supone ser los primeros conductores de un pueblo por la senda inaugural de su historia. Cuando lo que está en juego es la misma esencia que va a configurar el futuro de una nación, los dirigentes que no sepan transigir, que no sean capaces de sacrificar pequeñas aspiraciones, no merecerían haber vivido esta hora histórica. El futuro juzgará de vuestra prudencia en estos instantes y vuestros hijos vivirán felices y bendecirán vuestro nombre si, con altura de miras, generosidad, espíritu de sacrificio y visión política sois ahora capaces de configurar un sistema que responda al reto histórico que supone la creación de un pueblo unido y fuerte. Cuantos pertenecemos a esta gran comunidad de naciones que constituye la Hispanidad, confiamos en vuestra personalidad como pueblo unido para hacer presente en África una noble voz que pueda hablar en la misma lengua que hoy emplean más de una veintena de pueblos y unos doscientos millones de cristianos.

   En otro orden de ideas habrán ustedes observado que en la declaración que antes hice en nombre del Gobierno español se especifica de modo formal que el Gobierno está dispuesto a otorgar la independencia en la fecha más próxima posible y, en todo caso, dentro del presente año de 1968. Sé muy bien que una mayoría de los representantes guineanos aquí presentes han solicitado en ocasiones anteriores que esa fecha no fuese posterior al próximo día 15 de Julio y a ellos, de un modo especial, quiero aclarar que, por parte del Gobierno español, no existe ningún inconveniente en que sus deseos se lleven a cabo si materialmente ello fuera posible. Ahora bien, la realidad nos muestra que los problemas que aún debemos tratar de resolver antes de llegar a eso momento revisten una cierta complejidad y que las etapas que es preciso recorrer requerirán inevitablemente un cierto plazo de tiempo difícil de calcular en estos momentos. Hay que arbitrar, además, los plazos para celebrar la consulta electoral, constituir el Gobierno provisional y elegir todas las magistraturas del Estado. Por otra parte, antes de que se proclame la independencia, será preciso cumplir con los trámites ineludibles que imponen las Leyes Fundamentales del Estado español cuando se trata de una decisión tan señalada como es la de modificar la calificación jurídica de una porción del territorio nacional y la de adquirir, con carácter simultánea, una serie de compromisos que tienen alcance internacional.

   Si de un modo formal no hemos, por tanto, marcado una fecha se debe exclusivamente al deseo del Gobierno español de que la independencia llegue en el momento preciso en que hayan sido resueltos todos esos problemas. Cuanto más eficaces sean los trabajos que ahora vamos a emprender, cuanto más rápidas puedan ser todas las deliberaciones y cuantas menos cuestiones de índole secundario sean ahora planteadas, tanto más fácil será llegar a la meta que todos perseguimos dentro de la fecha que muchos de ustedes han señalado.

   Con el fin de que nuestro trabajo pueda adaptarse a un ritmo acelerado, creo oportuno ahora .precisar que las etapas a que antes me he referido y que señala la declaración gubernamental van a ser las siguientes:

   1º. Al finalizar las reuniones de esta Conferencia y una vez que ustedes hayan podido llegar a un acuerdo sobre el texto de la Constitución y de la Ley Electoral, ambos documentos deberán ser sometidos a una consulta popular en la que todos los guineanos mayores de edad tendrán la oportunidad de emitir su voto. Para supervisar esa consulta electoral, el Gobierno español, con el fin de demostrar su imparcialidad, ha declarado ya hace algún tiempo que está dispuesto a invitar a una representación de las Naciones Unidas.

   2º Si la consulta popular, como es de suponer, diera un resultado positivo, se formará inmediatamente un Gobierno provisional. Dicho Gobierno será configurado con arreglo a una disposición transitoria incluida en el texto constitucional y, por ello, acordada en esta Conferencia y ratificada por la consulta popular.

   3º Ese Gobierno será quien, al hacerse cargo con carácter transitorio de la Administración, presida las elecciones generales que -aplicando la nueva Ley electoral- permitan seleccionar todos los puestos elegibles previstos en la Constitución. Su carácter independiente le facilitará, además, la posibilidad de preparar los borradores de los acuerdos de cooperación que el Estado ya soberano de Guinea Ecuatorial firme, en su día, si así lo estima oportuno, con España.

   4º Constituido el Estado y elegido el Gobierno definitivo, las Autoridades españolas, en el momento que previamente haya sido acordado, efectuarán la transmisión de poderos y proclamarán la independencia.

   Como ustedes ven, el procedimiento establecido es claro y lógico, a la par que permite una gradual evolución que evitará toda posibilidad de alteraciones bruscas o de fallo de continuidad en el poder. Tratar de imponer un calendario rígido, con fechas definitivas, hubiera sido poco realista y, al obligar a forzar las diversas etapas, habría podido crear dificultades innecesarias. Creo que es más práctico y sencillo adaptarse al ritmo que se desprenda de la realidad, existiendo, como existe en este caso, una fecha tope, 1968, que no podrá en ningún momento ser rebasada.

   Y ahora, señores, estimo que he llegado al fin de mi exposición. Los días que se avecinan están cargados para ustedes de horas transcendentales. Las decisiones que se aprestan a tomar son graves, las más graves, quizás, de toda su vida.  En sus manos se encuentra ahora el destino de todo un pueblo, la posibilidad de acertar garantizando un porvenir próspero y feliz a las generaciones futuras. Todo sacrificio en esta hora está justificado, toda su grandeza de espíritu en este momento es necesaria. Yo ruego a Dios, sinceramente, que inspiro sus decisiones.

   España, al acercarse a ellas, lo hace con ánimo sereno, con la tranquilidad del deber cumplido y con la confianza que le inspira su tradición de hacedora de pueblos. A Guinea corresponde no defraudar esa confianza y confirmar aquellas palabras proféticas que Leopold Senghor, el gran poeta africano, dijo un día: "La contribución de África será el traer a la evolución del mundo un elemento de amor y el crear hombres sin prejuicios, hombres que darán alas a la razón".

   He dicho” (Grandes aplausos).

   EL SEÑOR MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES:

   "El Señor Presidente del Consejo de Gobierno tiene la palabra".

   EL PRESIDENTE DEL CONSEJO DE GOBIERNO (Excmo. Señor Don Bonifacio Ondo Edu):

   "Excelentísimos e Ilustres señores:

   No pretendo cansar la atención de Vds. con un farragoso discurso ni con nada que se parezca a ello.

   Entiendo que en esta etapa de la Conferencia Constitucional que vamos a comenzar han de sobrar mucho las palabras porque, principalmente, deberán privar los juicios sobre realidades.

   Para ello, es posible que en las próximas sesiones se nos facilite una panorámica general de los problemas que habremos de afrontar a fin de que nuestras decisiones posteriores se tomen con conocimiento de causa y sentido de la responsabilidad; información que, sobre todo, será muy útil para quienes aun no tuvieron la suerte o desgracia de enfrentarse con las preocupaciones diarias que proporciona la Administración de la cosa pública.

   Yo invito a todos Vds. a prestar la máxima atención en esta etapa de la Conferencia, a ser objetivos, al desapasionamiento en nuestras decisiones, y, por ultimo, a lo que considero de suma importancia: hallar fórmulas que compaginen la independencia de nuestro pueblo con el mantenimiento -y, si cabe, refuerzo- de los lazos filiales que nos unen a España.

   Tengan muy presente, hermanos guineanos, que, para España, esta situación de hoy con respecto a nosotros no es novedosa.

   Mucho antes de que existiera la O.N.U., con anticipación de siglos al actual movimiento descolonizador, nuestra Patria de hoy se anticipó en dar a luz a una larga veintena de Naciones que desde entonces ondean sus banderas en casi todo un Continente descubierto por ella misma.

   España, pues, por derecho que le viene de su propia ejecutoria histórica, es madre de pueblos y adelantada en todos los movimientos descolonizadores del mundo. La experiencia, el saber hacer y la comprensión no han de faltarnos con interlocutor tan excepcional.

   En nuestra situación, cabe que nos preguntemos cómo deberíamos corresponder a las innumerables muestras de comprensión y afecto que venimos recibiendo de su pueblo y Gobierno. Yo resumiría nuestra conducta así: con sensatez y cordura, siendo realistas, y con infinita capacidad para el diálogo y el entendimiento.

   Y respecto a nuestro proyecto de forjar una joven Patria, permitidme que os exponga brevemente cual es mi sentir:

   Yo me imagino una Guinea Ecuatorial fuertemente unida por su común conciencia nacional; en la que la unión fraterna de sus hijos sea posible siempre gracias a la fuerza de la razón y nunca a una razón de fuerza; con un pueblo honrado y trabajador que sepa superar las divisiones de clanes y tribus.

   Quisiera que acertásemos a forjar una Patria respetuosa de sus tradiciones y pasado; orgullosa de su soberanía; amiga de todos los pueblos que amen la fe, el orden, la justicia, la paz y la libertad entre los hombres; con un Gobierno fuerte, puesto al servicio de su pueblo y dirigido recta y honestamente por sus mejores hijos; animada de un espíritu que la lleve a participar en cuanto tienda al mejoramiento de la convivencia internacional.

   Una Nación, señores, hermana de todos los pueblos africanos -muy especialmente, de sus vecinos fronterizos-y, desde luego, unida a España, su país civilizador, por lazos filiales inquebrantables en los que predomine recíprocamente el desinterés, el respeto mutuo y el amor nacido de los muchos años de común historia.

   Si conseguimos habilitar las fórmulas que hagan posible el breve consideratum que os expuse, estoy seguro de que nuestros pueblos recordarán con orgullo los nombres de las personas a quiénes la Historia cargó con la responsabilidad de decidir en materia tan grave como la que nos corresponde a nosotros.

   Y para finalizar, Excelentísimo e Ilustrísimos señores, sólo me resta agradecer, anticipadamente, ese gesto de la reconocida generosidad española que tan bien dice de la que hasta ahora es nuestra Madre Patria y del que tanto debieran aprender Naciones qué se consideran muy civilizadas.

   Yo, un guineano más entre el número de los que pueblan nuestras islas y el continente, orgulloso de mi noble condición actual de español y guineano, interpretando lo que me consta que es el sentir de todo el pueblo honrado y sano de Guinea Ecuatorial, sólo os pido a todos los que habréis de intervenir en ello que la independencia que vamos a alcanzar la arbitremos con soluciones por las que perdure la más estrecha cooperación entre nuestros respectivos pueblos.

   MUCHAS GRACIAS (muchos aplausos)".

   EL SEÑOR MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES:

   "Séame permitido expresar mi gratitud y adhesión a las nobles e inspiradas palabras que acaba de pronunciar el Excelentísimo señor Presidente del Consejo de Gobierno de la Guinea Ecuatorial.

   Mañana a las cinco y media de la tarde, tendrá lugar la segunda sesión de trabajo de esta nueva y definitiva fase de la Conferencia Constitucional".

   Seguidamente se levantó la sesión.

   Antes de abandonar el Salón de la Conferencia, el Excmo. Señor Don Fernanda María Castiella y Maiz, Ministro de Asuntos Exteriores y Presidente de la Conferencia, estrechó la mano a numerosos miembros de ambas Delegaciones. Son las veintiuna horas y veinticinco minutos.

   DON JOAQUÍN CASTILLO Y MORENO, Marqués de Castro de Torres, Coordinador de la Conferencia, en funciones de Secretario de la Primera Sesión Plenaria de la II Fase de la Conferencia, doy fe de cuanto antecede. Madrid, fecha ut supra.

   [Va la firma]

   

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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