NOTICIAS ASODEGUE

 
   

 

 

 

 

 

HOJAS INFORMATIVAS

 

 13 de febrero de 2007

"La economía política del petróleo en Guinea Ecuatorial"

Brendan McSherry (*)

 

    RESUMEN: Este artículo analiza la economía política del petróleo en Guinea Ecuatorial, uno de los últimos y más importantes países productores de crudo en África. Comienza con una breve historia del país y su reciente experiencia de desarrollo con petróleo. El artículo continúa integrando la experiencia de Guinea Ecuatorial en el ámbito de los estudios que relacionan la abundancia de recursos naturales por un lado, con una pobre trayectoria de desarrollo, de autoritarismo y conflicto civil por otro. El artículo concluye argumentando que el petróleo ha exacerbado patologías ya presentes en la economía política de Guinea Ecuatorial, allanando el camino para futuros problemas de subdesarrollo, inestabilidad y gobierno autoritario, problemas todos ellos que podrían verse aliviados en alguna medida de producirse cambios en la política exterior de los Estados Unidos en esta región. 

 

INTRODUCCIÓN 

   En Marzo de 2004 el gobierno de Guinea Ecuatorial arrestó a diecinueve mercenarios acusados de tramar un golpe de Estado en este diminuto, aunque rico en petróleo, país africano. Entretanto, el gobierno de Zimbabwe arrestaba a otros setenta mercenarios supuestamente en camino desde Sudáfrica para apoyar el golpe. Capitaneados por el mercenario sudafricano Mark du Toit y financiados por, entre otros, Sir Mark Thatcher, los conspiradores esperaban sustituir al Presidente Obiang Nguema por el líder opositor Severo Moto, en el exilio desde hace largo tiempo. [1] 

   Este dramático giro de los acontecimientos pone de manifiesto el renovado interés por esta antigua colonia española de África Occidental. El reciente descubrimiento de ricas reservas de petróleo en el lecho marino de la costa atlántica del país, ha convertido ya a Guinea Ecuatorial en el tercer productor de crudo del continente africano, con una producción diaria estimada de 181.400 barriles. [2] El descubrimiento la ha convertido en objetivo de inversiones foráneas procedentes de todo el mundo, y en especial de Estados Unidos. El crecimiento económico ha sido el más acelerado del mundo y el FMI [Fondo Monetario Internacional] predice un impresionante índice de crecimiento del 45.1% para el 2005. [3] Este rápido crecimiento, unido a una población de menos de 500.000 habitantes, ha elevado la renta media per cápita hasta la asombrosa cantidad de 50.240 dólares, la segunda más alta del mundo después de Luxemburgo. [4] La riqueza petrolera de Guinea Ecuatorial podría transformar al país de su condición de periferia en centro económico. No obstante de poco se han beneficiado las clases populares del país, --la creciente pobreza, la enfermedad y las desigualdades persisten. [5] La esperanza de vida se ha estancado lamentablemente en los 49 años, mientras el desempleo supera el treinta por ciento. [6] Las rentas generadas por el petróleo han consolidado el brutal y autoritario régimen del Presidente Nguema, propiciando la actividad criminal del que ya es uno de los estados más perversos del planeta. El incremento de las tensiones étnicas y regionales, la reciente trama golpista, y una intentona semejante sucedida en 2003 apuntan a un aumento de la inestabilidad política en los años venideros. [7] 

   Esta combinación de paupérrimos resultados en lo que hace al desarrollo del país, autoritarismo enquistado, e inestabilidad política, reproduce las experiencias de otros países ricos en recursos naturales a lo largo y ancho del planeta. La así llamada “maldición de los recursos” (resource curse) ha frustrado las esperanzas de muchos exportadores de materias primas con bajas rentas y ha producido un amplio intento de explicación de este, en apariencia paradójico resultado, en la literatura académica. Esta variada literatura puede ayudar a explicar la difícil situación en que se encuentra Guinea Ecuatorial, arrojando luz sobre lo que le deparará el futuro –mayor subdesarrollo, pocas oportunidades para la democratización, incremento de la inestabilidad política, y violencia. Sin embargo, el mejor trabajo de la literatura sobre la “la maldición de los recursos” reconoce que la economía política del petróleo de Guinea Ecuatorial seguirá su propio y a menudo idiosincrásico camino.   El reducido tamaño de Guinea Ecuatorial, la generalización de los delitos en las altas esferas del gobierno, la peculiaridad de sus divisiones étnicas y regionales, su pasado marcado por un autoritarismo gubernamental extremo, su relevancia estratégica para los Estados Unidos, y la situación de sus yacimientos de off-shore, condicionarán de manera significativa la relación de este país con la “maldición de los recursos”. En última instancia, la difícil situación de Guinea Ecuatorial confirma los argumentos centrales de la literatura académica sobre esta maldición y proporciona un ejemplo extremo de los peligros que lleva consigo un proceso de desarrollo basado en los recursos naturales en estados frágiles. 

   Este artículo analiza la economía política del petróleo en Guinea Ecuatorial desde la perspectiva de la literatura académica de “la maldición de los recursos”. Comienza con una breve historia del país y su reciente experiencia de desarrollo basado en los beneficios obtenidos del petróleo. El artículo continúa hasta integrar la experiencia de Guinea Ecuatorial en el ámbito de los estudios que relacionan la abundancia de recursos naturales por un lado, con una pobre trayectoria de desarrollo, de autoritarismo y conflicto civil por otro. Concluye argumentando que el petróleo ha exacerbado patologías ya presentes en la economía política de Guinea Ecuatorial, allanando el camino para futuros problemas de subdesarrollo, inestabilidad y gobierno autoritario, problemas todos ellos que podrían verse aliviados en alguna medida de producirse cambios en la política exterior de los Estados Unidos en esta región. 

GUINEA ECUATORIAL: DEL VILLORRIO TROPICAL AL KUWAIT DE ÁFRICA. 

   Guinea Ecuatorial ha sido hasta hace bien poco uno de lugares más atrasados de África. Río Muni, un pequeño fragmento del continente africano entre Congo-Brazaville y Gabón, y la isla de Bioko integran este diminuto país de menos de medio millón de habitantes. Durante la colonización española las exportaciones de cacao dominaron la economía, mientras que los extranjeros, en su mayoría españoles y nigerianos, controlaban un reducido sector servicios. La inmensa mayoría de los guineoecuatorianos mantuvieron su condición de agricultores de subsistencia con poca o ninguna incorporación a la economía de mercado. Los limitados servicios sanitarios y educativos, unidos al poco desarrollo de sus infraestructuras fuera de las principales ciudades, dejaron a la colonia en un estado de manifiesto subdesarrollo. Así pues, el colonialismo no creó ni un mercado nacional unificado, ni unas instituciones estatales eficientes, dejando a la población ostensiblemente empobrecida. [8] 

   Desgraciadamente, la independencia fue el preludio de un período todavía peor, marcado por la decadencia económica y una brutal dictadura. Macías Nguema, primer presidente del país, llegó al poder en 1968 por medios más o menos democráticos, impulsando a continuación la creación de uno de los regímenes más opresivos  del África poscolonial, solo comparable con el de Idi Amin en Uganda. El gobierno de Nguema combinó las peores características del caudillo latino americano y del Big Man africano, centralizando el poder y alentando un peligroso culto a la personalidad. [9] Puso en marcha un proceso clásico de purga de la oposición, especialmente dirigida contra lideres tradicionales e intelectuales. Su reinado de terror condujo a la muerte o forzó al exilio a entre un tercio y la mitad de la población del país. Además este proceso condujo al hundimiento de su economía: la expulsión de los expatriados nigerianos y españoles provocó  una caída del 90% del PIB al desintegrarse prácticamente la industria del cacao. [10] 

   Nguema hizo que la mayoría de los puestos del gobierno fueran ocupados por miembros de su familia y  de su clan esangui, perteneciente a la etnia fang que domina Rio Muni, el territorio continental. Discriminó abiertamente a la etnia bubi, predominante en Bioko, y asesinó a casi todos los políticos pertenecientes a la misma [11]. Esta brutalidad y favoritismo generalizados alimentaron las tensiones étnicas entre fangs y bubis, que conjuntamente constituyen el noventa por ciento de la población del país, y también fomentó divisiones entre los diferentes clanes fang. Dado que los fang dominaban el área continental y los bubi la isla, aquellas tensiones adoptaron un claro carácter regional. [12] 

   Con el paso del tiempo, Nguema comenzó a asesinar a un  número creciente de miembros de su propio clan y de su familia, perdiendo así las simpatías de incluso sus más fervientes seguidores. Teodoro Obiang Nguema, sobrino de Macías, inició un violento y exitoso golpe de Estado en 1979 y llegando al poder con la etiqueta de “libertador”. Su régimen puso fin al reino del terror pero mantuvo el estado policial y el aparato dictatorial puesto en marcha por Macías. Obiang permanece en el poder hasta el día de hoy, mientras su clan esangui ostenta un control casi absoluto del país. Los grupos de derechos humanos lo describen reiteradamente como uno de los más broncos dictadores del mundo, denunciando flagrantes abusos de los derechos humanos y fuertes restricciones de las libertades civiles y políticas. [13].

   Con Obiang, Guinea Ecuatorial se convirtió en un modelo de estado criminal, con muchas de sus más altas instituciones envueltas en una miríada de conductas delictivas. Bayart, Ellis e Hibou, en su pionera obra sobre la evolución hacia la criminalidad del estado africano, catalogan a Guinea Ecuatorial como uno de los tres únicos países de este continente merecedores desde el principio del apelativo de “Estado criminal”, en la medida en que el aparato del gobierno habría llegado a estar íntimamente relacionado con actividades delictivas a gran escala. [14] La obra de Robert Klitgaard Tropical Gangsters [Gángsters Tropicales]  describe el año que estuvo trabajando allí [en Guinea Ecuatorial] para el Banco Mundial. Describe una población terriblemente empobrecida gobernada por corruptos, y en última instancia ineptos, gángsteres involucrados en una intensa actividad delictiva y en abusos de los derechos humanos. [15] Entre las ya conocidas “industrias criminales” que se desarrollaron en Guinea Ecuatorial estaban el vertido de desechos tóxicos, el tráfico de drogas, la pesca ilegal, el contrabando de armas y de aeronaves, y el trabajo forzado de niñ@s. [16] 

   A mediados de los años 90 Guinea Ecuatorial se había convertido  en el prototipo de estado criminal, manteniendo un sistema político autocrático, con tensiones étnicas y regionales, al tiempo que continuaba sufriendo un extremo subdesarrollo y violaciones de los derechos humanos. El descubrimiento en 1995 de un campo petrolero offshore por un centro de exploración de Mobil, el pozo Zafiro, despertó grandes esperanzas de cambio. Desde entonces se han encontrado yacimientos de petróleo en  otros muchos sitios de la plataforma continental tanto de Bioko como de Río Muni, convirtiendo a Guinea Ecuatorial en el productor de petróleo reciente más importante de África. El crecimiento económico ha alcanzado un promedio del 41% anual, a la vez que se ha producido un boom urbanístico en la capital, Malabo, así como en las ciudades petroleras de Luba, en Bioko, y de Bata, en el continente. Las empresas del sector energético han invertido miles de millones de dólares en el país durante la pasada década, y el vuelo semanal “Houston Express” enlaza directamente Malabo y Texas. [17] Sin embargo, los beneficios derivados de esta bonanza económica quedan en manos de una reducida elite, sin que la mayoría de la población se beneficie del efecto “goteo” (trickle-down effect). La industria del petróleo sólo emplea a unas 10.000 personas, en su mayoría expatriados o emigrantes provenientes de los EEUU, Nigeria, Filipinas, y Camerún. Además, pocos de los beneficios derivados del petróleo se han invertido en programas destinados a mejorar la calidad de vida de la población, como ilustra un gasto medio en salud de tan sólo un 1,23 % del PIB. [18] Evidentemente, el boom petrolero ha contribuido muy poco a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de l@s ecuatoguinean@s. 

   Aunque para la mayoría de la población del país poco ha cambiado, lo cierto es que el petróleo ha enriquecido enormemente a la camarilla gobernante. La dilapidación de los beneficios del  petróleo en  fastuosos gastos personales ha crecido hasta alcanzar grotescas proporciones. El propio Obiang ha comprado una multimillonaria mansión en las afueras de Washington D.C. Su hijo Teodorín se ha convertido en un habitual de Manhattan, Hollywood y Paris, donde es conocido por conducir sus múltiples coches de lujo de un lado a otro de los Campos Elíseos. Incluso ha fundado su propia compañía discográfica radicada en Los Ángeles. Un escándalo reciente de corrupción, en el que estaba involucrado el washingtoniano Banco Riggs implicaba al banco y a Obiang en un asunto de transferencia ilegal de millones de dólares de las cuentas del  tesoro público guineoecuatorial hacia cuentas privadas. Además, la mayor parte del dinero que Obiang gasta dentro del país va a parar a descomunales e insensatos  proyectos, tal como la construcción de una nueva capital, Malabo 2, en lugar de a la construcción de carreteras entre poblaciones, nuevas escuelas, o nuevos hospitales. [19]  

   A pesar de este desastroso y manifiesto record de violaciones de los derechos humanos, corrupción y criminalidad, el gobierno de los Estados Unidos ha trabajado de manera continuada para mejorar las relaciones con Guinea Ecuatorial. En sus esfuerzos para reducir la dependencia del petróleo de Oriente Medio, los Estados Unidos han invertido mucho en África Occidental. Guinea Ecuatorial proporciona una oportunidad de inversión especialmente atractiva para las empresas norteamericanas (también para otras) dado que sus dirigentes han concedido gustosamente condiciones mucho más lucrativas que las de otros gobernantes africanos. De acuerdo con un informe del FMI de 1999, por ejemplo, las empresas petroleras disfrutaron del que es, con mucho, el más generoso paquete impositivo, recibiendo además los dividendos más altos por su participación en las distintas concesiones en la zona. [20] El Presidente Bush, a pesar de las protestas de los grupos pro derechos humanos, ha reabierto la embajada norteamericana en Malabo y se ha reunido personalmente con el Presidente Obiang para discutir la seguridad del petróleo en la región, mostrando así la importancia que esta zona ha alcanzado para la política exterior de los Estados Unidos.  Actuando así, los Estados Unidos se han abstenido, en sus relaciones con Guinea Ecuatorial, de cualquier intento de  promover tanto la democracia  como una más equitativa distribución de la riqueza. Los recientes intentos de golpe de estado solo han conseguido fortalecer la determinación de Estados Unidos de apoyar al régimen, ya que la inestabilidad de la región en un futuro podría afectar dramáticamente a la producción de crudo. La expulsión, de acuerdo con premisas nacionalistas, de los trabajadores extranjeros, por ejemplo, podría suponer una prueba catastrófica para los intereses de los EEUU, así como para otros países. Sin embargo, los EEUU deberían cambiar su política en este ámbito, promoviendo la democratización y un desarrollo económico más equitativo del país. [21]

   El futuro de Guinea Ecuatorial depende en gran medida del papel que jueguen factores exógenos, tales como la ayuda norteamericana, el apoyo extranjero a los intentos de golpe de Estado, y la magnitud de los futuros descubrimientos de yacimientos petroleros. Por lo demás, su particular experiencia historia condicionará de forma determinante los efectos del petróleo sobre la economía, las instituciones y la sociedad. No obstante, las muchas similitudes existentes entre los distintos países exportadores de recursos hacen necesario un análisis comparativo de la economía política de los recursos naturales. 

 

ABUNDANCIA DE RECURSOS NATURALES Y POBRE DESARROLLO ECONÓMICO 

Aproximaciones Económicas  

   La más antigua rama dentro de la literatura sobre la “maldición de los recursos” se centra en el estudio de la tendencia de los países con abundantes recursos naturales a padecer un bajo crecimiento económico y decepcionantes resultados en su desarrollo. Los economistas latinoamericanos Hans Singer y Raul Prebisch fueron dos de los primeros estudiosos en hablar de este asunto. Argumentaron que los exportadores de materias primas padecen  deterioro de los términos de intercambio en el largo plazo. Aducían que los precios de las materias primas en el mercado mundial caen en relación con los precios de los bienes manufacturados, ocasionando a los productores de materias primas el deterioro de su balanza de pagos y bajo crecimiento económico. [22] Los datos empíricos que sostendrían su alegato no han resultado determinantes, habiendo estudios que muestran esta disminución y otros que, sin embargo, señalan términos de intercambio más estables. Cuddington y Wei, por ejemplo, no encontraron apoyo para la hipótesis de Prebisch-Singer al llevar a cabo un análisis estadístico de la misma. [23] Sapsford y Balasubramanyan, en el otro extremo, si encuentran evidencias que sostienen la hipótesis de Prebisch y Singer.[24] Desde los años 80, sin embargo, los términos de intercambio se han deteriorado en todo el mundo en relación a las materias primas, alcanzándose un mayor consenso en relación con el hecho de que, al menos durante este periodo de tiempo, el deterioro de los términos de intercambio ha representado un grave problema para muchos países.[25] Aunque el menoscabo de los términos de intercambio no ha afectado todavía a la industria petrolera de Guinea Ecuatorial, la economía esta concentrada hasta tal punto alrededor de la producción de crudo que el futuro deterioro en los término de intercambio resultará devastador para la economía guineoecuatoriana.

   Los economistas han argumentado que la abundancia de recursos naturales puede tener otros efectos negativos sobre las economías. Algunos han sospechado que rápidas fluctuaciones en los mercados de materias primas podrían fomentar la propensión de las economías dependientes de dichos productos a ciclos de bonanza y quiebra económica (boom and bust), así como a desalentar la inversión privada. [26] En mercados volátiles como el del petróleo, esto puede resultar especialmente problemático. Sin embargo, tendremos que esperar a la próxima fluctuación en los precios del crudo para ver si esto afecta a Guinea Ecuatorial de un modo significativo, aunque todo indica que una drástica reducción de los precios del petróleo devastaría la economía del país, dado que el 90% de las exportaciones proviene del petróleo. [27] La extremadamente volátil naturaleza de los mercados del petróleo desde 1971 sugiere, con toda probabilidad, futuras fluctuaciones, las cuales podrían resultar muy peligrosas para el futuro de Guinea Ecuatorial a no ser que los dirigentes del país puedan acometer políticas efectivas que contrarresten dichos efectos.

   Otro aspecto del desarrollo basado en las rentas derivadas del petróleo que ha recibido  atención académica hace referencia a la escasa vinculación entre el sector en auge y el resto de la economía. [28] Hasta ahora este problema ha causado constantes dificultades a Guinea Ecuatorial. Puesto que la mayoría de las inversiones que necesita la industria petrolera vienen de fuera, la industria nacional no se ha beneficiado del boom, e incluso la industria del sector servicios depende sobremanera de las importaciones. La industria petrolera en Guinea Ecuatorial continúa siendo, esencialmente, un enclave con escaso impacto sobre el resto de la economía. Sin embargo, si este tipo de economías con determinados enclaves económicos dinámicos invierten correctamente las rentas derivadas de los recursos naturales en otras áreas de la economía así como en infraestructuras y en desarrollo humano, se podría generar crecimiento en otros sectores o mejorar la calidad de los servicios sanitarios y educativos. Teóricamente las enormes rentas per capita derivadas del petróleo en Guinea Ecuatorial deberían facilitar enormemente cualquiera de esas dos opciones en comparación con países con una renta per capita derivada de la exportación de recursos mucho menor. Sin embargo, como la mayoría de productores de petróleo, Guinea Ecuatorial no ha conseguido actuar de esta forma, dejando que la falta de vínculos entre los sectores petrolero y no petrolero se convierta en el principal problema económico para el país. Este fracaso de los dirigentes ecuatoguineanos para implementar las políticas adecuadas señala también la necesidad, respaldada por de la literatura de la “maldición de los recursos”, de incorporar tanto un análisis político como económico a los estudios sobre el desarrollo basado en la explotación de recursos naturales. [29]

   La más conocida y mejor estudiada variante de la literatura de la “maldición de los recursos”, la teoría de la “enfermedad holandesa” (Dutch Disease theory), pone todavía mayor énfasis en la necesidad   de integrar explicaciones económicas y políticas en el análisis de los países exportadores de recursos naturales. La “enfermedad holandesa” toma su nombre de las consecuencias que el descubrimiento de petróleo tuvo para la economía de los Países Bajos en las décadas de 1960 a 1970. Los recursos petroleros encontrados condujeron a un boom de exportaciones, pero la economía domestica pronto sufrió inflación y reducción de las exportaciones de manufacturas, provocando un crecimiento económico más bajo y el aumento del paro. El boom del petróleo en las décadas de 1970 y 1980 produjo idénticos resultados en países tan diferentes como Arabia Saudita, Nigeria y México. Esta aparente paradoja acontece cuando el boom de exportaciones provoca inflación y la consecuente apreciación de la tasa real de intercambio. Esto hace a los productores del propio país, pertenecientes a sectores diferentes a los de las materias primas, menos competitivos y, por consiguiente, menos rentables. Este declive en la pujanza de otros sectores de la economía es la cruz de la "enfermedad holandesa".

   Corde y Neary han encontrado en sus análisis teóricos abundante apoyo  que confirma la hipótesis de la enfermedad holandesa. [30] Otros estudios confirman empíricamente la influencia de la enfermedad holandesa sobre los resultados económicos. En un exhaustivo estudio estadístico, Sachs y Warner examinan 97 países durante un periodo de diecinueve años, mostrando que estados que en 1971 mostraban un alto índice de exportaciones de  recursos naturales en relación a su PIB, habían experimentado unas tasas de crecimiento inusualmente bajas en el periodo comprendido entre los años 1971 y 1989. Explican este fenómeno, en buena medida, como un efecto de la enfermedad holandesa [31]. Diferentes estudios monográficos proporcionan también amplio apoyo a la "enfermedad holandesa". Gelb, por ejemplo, documenta seis casos de esta "enfermedad": Argelia, Ecuador, Indonesia, Nigeria, Trinidad y Tobago, y Venezuela. [32] Una de sus monografías muestra como Nigeria sufrió un caso extremo de la “enfermedad” en los años 80. Picos en los precios del petróleo durante los periodos de 1973-74 y 1979-80 propiciaron enormes ganancias inesperadas para el gobierno, pero esta abundancia y sus crecientes gastos concomitantes azuzaron la inflación, así como un incremento del tipo de cambio y, consecuentemente, una disminución del 90% en el sector no minero. [33] Gabón, vecino de Guinea Ecuatorial en el Golfo de Guinea, también ha sufrido la "enfermedad holandesa". Mientras el país ha desarrollado una prospera industria petrolífera, otros sectores de la economía, especialmente la agricultura, se han desmoronado mientras que la desigualdad y la pobreza persisten. El crecimiento económico se ha estancado. El cada vez más cercano fin de las reservas de petróleo del país ha generado temor a un colapso económico casi total en un futuro cercano a no ser que se encuentren nuevas reservas. [34]

   A pesar de la común experiencia de la "enfermedad holandesa", muchos críticos han argüido que este achaque afecta mucho más a economías desarrolladas que a las subdesarrolladas, y que sus efectos varían enormemente dependiendo del país. Benjamín et al., por ejemplo, muestran que en Camerún la "enfermedad holandesa" afectó a la agricultura pero no a la industria.[35] Ross por otra parte arguye que políticas juiciosas pueden contrarrestar la mayor parte de los efectos de la "enfermedad". [36] En palabras de Terry Karl, “La enfermedad holandesa no es automática. Su grado de desarrollo dependerá en buena medida de las decisiones que se tomen desde la esfera publica”. [37] En este mismo sentido, como Chaudhry apunta, la búsqueda de estrategias sectoriales e industriales substantivamente diferentes entre los diferentes países productores de petróleo “desmiente la uniformidad de los resultados de la enfermedad holandesa”. [38] Algunos países, incluido Irak, Malasia, Irán y Argelia, han “contrarrestado las presiones contra la inversión en bienes comerciables emprendiendo programas de industrialización.”[39]

   La experiencia de Botswana pervive como un  ejemplo admirable de cómo una sana política económica puede prevenir la "enfermedad holandesa", incluso en una economía pobre y altamente minero-dependiente. En el momento de su independencia de Gran Bretaña en 1966, Botswana siguió siendo uno de los países más pobres y menos desarrollados de la Tierra. El descubrimiento unos pocos años más tarde de los mayores depósitos de diamantes del mundo impulsó un masivo boom exportador que hizo de Botswana la economía de más rápido crecimiento mundial entre 1970 y 1990. Sin embargo, en lugar de observar como el resto de la economía se derrumba, decisiones políticas competentes permitieron rehuir los peores efectos de la "enfermedad". El gobierno adoptó políticas macroeconómicas efectivas para mantener la estabilidad de los tipos de cambio. Para lograrlo se controló el gasto público y se acumularon grandes reservas de moneda extranjera. En lugar de pedir préstamos al FMI como la mayoría de los países africanos, ahora mismo Botswana presta divisa fuerte al FMI. [40]  Del mismo modo Botswana consiguió mantener la competitividad de su mayor empresa paraestatal, la Comisión de la Carne de Botswana (Botswana Meat Commission), y ha utilizado los ingresos gubernamentales de forma responsable en programas sociales eficaces e infraestructuras, no en despilfarros. En consecuencia, Botswana sigue siendo la economía y la democracia con más éxito de África, treinta y cinco años después del comienzo de la producción de diamantes. [41]

   Mientras decisiones políticas eficaces protegían a Botswana de caer en la "enfermedad holandesa", la experiencia de Guinea Ecuatorial se parece más a la de Nigeria. La inflación se ha disparado, perjudicando el poder adquisitivo de las empobrecidas poblaciones e impulsando una apreciación del tipo de cambio del 50%,  sólo entre finales de 2001 y mediados de 2003. [42] La producción de cacao cayó en un 30 % entre 1996 y 2001, pues las inversiones se dirigieron rápidamente hacia el sector petrolero y los incrementos en los tipos de cambio hicieron menos competitivos a los productores de cacao. [43]

   Unos términos de intercambio cada vez más deteriorados y las fluctuaciones de los precios  crearán seguramente en el futuro serios problemas a la economía de Guinea Ecuatorial, como ha sucedido en otros países productores de petróleo. Algunos de estos efectos se han manifestado ya. Sin embargo, aunque muchos países “recurso-dependientes” se hayan mostrado incapaces de manejar políticamente estos problemas, existen soluciones políticas viables tanto para la posición de enclave de la industria petrolera como para la "enfermedad holandesa". ¿Qué hace a los países abundantes en recursos más proclives a los errores políticos manifestados por Nigeria y menos tendentes de responder a los booms de recursos del modo en que lo hizo Botswana? La ciencia política ha tratado de esas anomalías en mil y una formas, muchas de las cuales siguen siendo cruciales en el caso de Guinea Ecuatorial. 

Aproximaciones de la Ciencia Política 

   La ciencia política se ha centrado fundamentalmente en las torpes decisiones políticas, las deficientes instituciones, o en alguna combinación de ambas, para vincular recursos naturales y decepcionantes resultados económicos. Especialistas en Oriente Próximo, por ejemplo, han vinculado la naturaleza rentista de las economías petroleras de la región con su, por lo general, decepcionantes experiencias de desarrollo. Beblawi define el estado rentista como aquel que obtiene el grueso de sus ingresos de rentas externas, antes que de empresas productivas. [44] Luciani traza una distinción similar “entre Estados de ‘asignación’ y Estados de ‘producciòn’, dependiendo de cual de esas dos funciones – mera asignación o producción y reasignación -  sea la  tarea fundamental del Estado.” [45] Mahdavy fue el primero en tratar las peculiaridades del Estado rentista en su análisis  de Irán. [46] Argumentó que la riqueza derivada de petróleo acorta la visión de futuro de los dirigentes y alimenta la promoción de políticas económicas que favorecen la estabilidad y el status quo en lugar de crecimiento e industrialización. Otros autores afirman que las rentas del petróleo convierten a los gobiernos en menos responsables y, consiguientemente, menos sensibles a las necesidades reales de la población. [47] Shambayati de manera similar argumenta que impuestos bajos y amplios programas de asistencia pública les sirven de escudo a los estados rentistas frente a las presiones para que inicien programas de desarrollo eficaces. [48]

   Guinea Ecuatorial constituye un Estado rentista según la definición de Beblawi, ya que las rentas del petróleo constituyen la mayor parte de la economía. Con todo, Guinea Ecuatorial difiere en aspectos sustanciales de los estados rentistas del Oriente Próximo. En concreto,  sus extraordinariamente endebles instituciones gubernamentales y la escasez de programas de bienestar social, hacen improbable que el régimen de Obiang llegue a comprar la aquiescencia de la población del mismo modo que Kuwait o Arabia Saudita. Además, el carácter delictivo del aparato estatal ha permitido una administración de las rentas todavía más corrupta que en Oriente Próximo, lo que probablemente contribuya a mayores niveles de oposición a la actual situación económica entre la población. La naturaleza neopatrimonial del régimen de Guinea Ecuatorial, no obstante, hace probable que cualquier intento de Obiang de suprimir dicha oposición tome la forma de suntuosos gastos en clientelismo, patronazgo y concesión de prebendas, antes que de amplios beneficios para la mayoría. [49]

   Aparte de su limitada aplicabilidad a Guinea Ecuatorial, las teorías de los estados rentistas adolecen de dos importantes defectos. Primero, como Chaudhry  sostiene legítimamente, “las teorías de los estados rentistas se alejan mucho de los análisis empíricos minuciosos de los casos actuales”. [50] No existen estados rentistas puros y los así llamados muestran importantes diferencias en sus resultados políticos y económicos. Además, a pesar de tener su origen en la ciencia política, las teorías de los estados rentistas siguen siendo demasiado economicistas. En palabras de Okruhlik, “El marco de análisis de los estados rentistas es restringido porque relega las opciones políticas a un plano secundario, por detrás de las estructuras económicas.” [51]

   La combinación de importantes intuiciones en la perspectiva de los estados rentistas y la ausencia de evidencia empírica para sus afirmaciones ha impulsado estudios más matizados sobre la conexión entre recursos y desarrollo. Chaudhry, por ejemplo, postula que debido a que los estados exportadores de crudo crean instituciones extractivas endebles, carecen de la información necesaria para formular e impulsar políticas de desarrollo eficaces. Además, sin información adecuada a su disposición, el gasto público vendrá determinado más por ideas relacionadas con las carencias básicas que por una racionalidad económica. [52]  Para Chaudhry, la escasa consistencia de las organizaciones extractivas debilita, en general, la calidad de las instituciones, la integración nacional, la construcción del estado y, por último, los resultados de sus políticas de desarrollo, conclusión a la que llega basándose en la  teorización clasica de Delacroix sobre como los Estados distributivos diferirán sustancialmente de los Estados “normales” en su proceso de formación estatal.[53] Esta autora examina el desarrollo institucional de la Arabia Saudita, productora de petróleo, y de Yemen, exportador de mano de obra, demostrando, en concreto, el acentuado deterioro de las organizaciones extractivas. [54]

   Las casi inexistentes organizaciones extractivas de Guinea Ecuatorial otorgan crédito a las aseveraciones de Chaudhry. Con poco conocimiento de lo que ocurre en las regiones remotas del país, es improbable que Obiang y sus compinches  pongan en marcha algún día programas de desarrollo eficaces. Las débiles organizaciones extractivas, sin embargo, preceden en el tiempo al boom petrolero y, por tanto, no son consecuencia del mismo, aunque este  boom  podría erosionarlas aún más, agravando el atraso económico. En conjunto, las endebles instituciones de Guinea Ecuatorial y las paupérrimas decisiones políticas han convertido en extremadamente graves los problemas ("enfermedad holandesa" y escasos vínculos con el resto de los sectores económicos) del desarrollo ligado al petróleo.

   Los antecedentes de otros estados débiles de África sugieren que las instituciones de Guinea Ecuatorial seguirán siendo raquíticas y su factura política pobre. En Gabón, el crudo facilitó el crecimiento de una economía de enclave (enclave economy) que aportó poco al desarrollo de otras áreas fuera de la capital, Libreville. Los dirigentes angoleños, en lugar de invertir las rentas del petróleo en carreteras o en capital humano, han saqueado ni más ni menos que 4.2 millones de dólares sólo en los últimos años. [55] Nigeria sigue siendo el más claro ejemplo de los deletéreos efectos del petróleo sobre las instituciones y las decisiones políticas en África. En Nigeria, el petróleo jugó un papel crítico en la creación de un estado predador bajo Babangida, que allanó el camino del desastre económico. En vez de facilitar el crecimiento de instituciones eficaces o buenas políticas, el crudo permitió a Babangida gastar imprudentemente y dejar que las instituciones se deteriorasen. [56] Es improbable que Guinea Ecuatorial lo haga mucho mejor que esos otros estados petroleros vecinos, especialmente si se tienen en cuenta las políticas particularmente venales de Obiang y su circulo más próximo. A no ser que las instituciones del gobierno cambien por completo, las oportunidades de un futuro económico mejor parecen escasas. Desgraciadamente, el desarrollo basado en el petróleo ha tenido también efectos deletéreos sobre otras importantes circunstancias políticas, a saber los niveles de democracia y de estabilidad.

Abundancia de Recursos Naturales y Autoritarismo 

   Una importante corriente dentro de la literatura de la “maldición de los recursos” arguye que la abundancia de recursos podría dificultar significativamente el desarrollo democrático. Los defensores de la tesis del Estado rentista han estado argumentando desde hace tiempo que la abundancia de petróleo ha impedido el desarrollo democrático en el Oriente Próximo. Otros muestran argumentos similares referidos a estados con abundantes recursos naturales de África y Asia Central. Ross ha mostrado que abundancia de recursos naturales (especialmente petróleo) y democracia están correlacionados de forma  significativamente negativa. [57] Lam y Wantchekon, “...manteniendo constantes el PIB, el capital humano, la desigualdad en las rentas y otras posibles variables,... encuentran una fuerte asociación, estadísticamente significativa, entre dependencia de recursos naturales, medida en función de la proporción de exportaciones de minerales y petróleo respecto al conjunto de las exportaciones, y autoritarismo.” [58] En esta misma línea Wantchekon encuentra que un incremento del uno por ciento en la dependencia de recursos, medida por el ratio de exportaciones en relación con el PIB, conduce a un incremento cercano al ocho por ciento en la probabilidad de autoritarismo. [59]  Esta aplastante relación estadística y la notable penuria democrática de países abundantes en recursos naturales ha generado una especie de consenso académico para el que, al menos en determinadas circunstancias, la abundancia de recursos naturales puede resultar enemiga de la democracia. Sin embargo, no se ha establecido consenso alguno sobre los mecanismos causales que vinculan recursos naturales y autoritarismo. La literatura actual sobre el asunto está dominada por cuatro posibles mecanismos vinculantes: el efecto rentista, el efecto de la represión, el efecto de la modernización, y el efecto de la autonomía frente a la presión internacional. [60]

   Estudiosos de Oriente Próximo se han basado frecuentemente en la noción de estado rentista, o alguna variante afín, para explicar la falta de democracia en esa región.  Otros han empezado a aplicar argumentos similares a otras regiones del mundo, especialmente a África.  Las teorías del estado rentista argumentan que el hecho de que en estos países no se grave a la población con impuestos frena el surgimiento de movimientos populares en favor de un sistema representativo.  Del mismo modo, la lluvia de dinero que generan los recursos permite a las elites consolidar su poder y comprar el beneplácito de las mayorías a través del gasto público.

   La literatura del estado rentista hace hincapié en la íntima relación histórica entre tributación y democratización, dándole la vuelta a la conocida frase  “no taxation without representation” ("sin representación no hay tributación") y convirtiéndola en “no representation without taxation” ("sin tributación no hay representación"). Liberados de la necesidad de gravar a sus poblaciones, los estados fiscalmente autónomos no sienten ninguna presión desde abajo en favor de la democratización, llegando a ser capaces de apaciguar el descontento a través de gastos en subvenciones y programas de asistencia pública. Huntington, por ejemplo, ha argumentado que “a niveles más bajos de tributación, hay menos razones para la demanda pública de representación” [61]  Anderson, en este mismo sentido, arguye que para países productores de petróleo “......tales ingresos eximen al Estado de la responsabilidad ordinariamente exigida por la apropiación nacional del excedente. En países como Kuwait y Libia, el estado puede ser virtualmente autónomo respecto de la sociedad, logrando la aquiescencia de la población a través de la distribución en lugar de obtener su apoyo a través de impuestos y representatividad.”[62]  ]  Mahdavy había sido de los primeros en argumentar que los estados rentistas mostrarían una limitada presión desde abajo para su democratización. Chaudhry se hace eco de esta opinión indicando que las demandas populares pidiendo mayor participación política han surgido las más de las veces como respuesta a la imposición de tributos. [63]  Crystal por otro lado arguye que la riqueza generada por el petróleo en Kuwait y Qatar obvió cualquier necesidad de gravar a la burguesía mercantil, que a su vez abandonó cualquier demanda de participación política. [64] El argumento de Crystal tiene una especial relevancia dada la tendencia de la ciencia política occidental a conectar la emergencia de la democracia con la auge de una clase media mercantil. [65] Otra variedad del vínculo impuestos-representación destaca la habilidad de los estados rentistas para gastar una gran cantidad de dinero en subvenciones y en otros programas que podrían, en efecto, comprar la aquiescencia de la población. [66]

   Muchos países africanos productores de petróleo  han seguido un curso similar, utilizando los ingresos provenientes del crudo para promover sus redes de patronazgo y, de esta forma, aplastar a la oposición.  Los líderes de la República Democrática de Congo, Gabón y Angola, por ejemplo, han demostrado ser capaces de consolidar sus regímenes autocráticos a través del patronazgo político. Leonard y Straus arguyen que estas “economías-enclave” son la base del gobierno autocrático en el continente ya que centralizan los recursos estatales y facilitan el patronazgo. De acuerdo con ellos, “la base de un enclave económico permite la perpetuación en el largo plazo de gobiernos autocráticos debido tanto a que dichos enclaves son de por sí susceptibles de predación estatal como a que a que no dependen de una extensa productividad para su subsistencia. De esa manera, la función principal del estado puede ser la distribución de subvenciones privadas....” [67]  No es de extrañar que muchos de los más longevos dictadores de África, desde Bongo en Gabón a Mobutu en Zaire, fueron también lideres de “estados-enclave”.

   Guinea Ecuatorial,  de forma muy similar al caso de Angola y de la República Democrática de Congo, tiene todavía que desarrollar instituciones extractivas eficaces, pero sus ingresos de petro-dólares desincentivan, ciertamente, el desarrollo futuro de estos recursos. Además, su reducida población y sus enormes reservas de crudo deberían hacer bastante fácil que Obiang y sus compinches consolidarán aún más su gobierno por medio de las subvenciones y del gasto público. [68] Aunque los petro-dólares probablemente liberarán al gobierno de las necesidades impositivas,  está todavía por ver si el país comienza a gastar dinero en programas sociales y otros proyectos con capacidad para comprar el beneplácito de las mayorías, o no. Hasta el momento el gasto permanece abismalmente bajo, aunque la creciente oposición al régimen podría forzar al gobierno a incrementar sus gastos en servicios y patronazgo. Ciertamente existe la posibilidad de que se produzca un efecto rentista en Guinea Ecuatorial, a través del cual la ausencia de impuestos y un abundante gasto público por parte del gobierno pudieran desalentar el desarrollo de movimientos que reivindiquen la democracia. [69]

   En el corto plazo es improbable, sin embargo, que Guinea Ecuatorial desarrolle políticas distributivas similares a los estados rentistas del Oriente Próximo o a otros enclaves africanos, debido a la extrema penetración y generalización de los comportamientos delictivos dentro del propio Estado. Obiang continuará canalizando las rentas del petróleo hacia negocios ilícitos antes que distribuyéndolas. Esto podría incentivar la oposición de las masas al régimen, generando una amplia presión desde abajo para su democratización. Sin embargo, si tales presiones llegan a tomar cuerpo, no es probable que sean beneficiosas para la democracia. Si lo necesita, Obiang tendrá acceso a inmensos recursos en subvenciones capaces de comprar el apoyo de grupos sociales clave (al estilo de la hipótesis del estado rentista). Además, las transiciones a la democracia en casos extremos de gobierno dictatorial  -como Guinea Ecuatorial– raramente generan estabilidad democrática. [70] Por tanto, una transición promovida por las propias masas tendría pocas oportunidades de éxito. En este caso, sería más probable que engendrase aún más autoritarismo, debido en especial a las posibilidades que ofrecería de acceso al poder de algún autócrata. El prácticamente ilimitado acceso recursos por parte de Obiang podría permitirle, además, levantar enormes aparatos represivos destinados a desalentar a los movimientos de democratización.

   La represión ha servido como mecanismo de vinculación entre abundancia de recursos y autoritarismo también en otros países exportadores de materias primas. [71] Algunos de estos países son capaces de levantar aparatos represivos lo suficientemente fuertes como para aplastar todos y cada uno de los movimientos democráticos y/o desalentar a las masas de seguir persiguiendo tales aspiraciones. Irak bajo Saddam Hussein, la República Democrática del Congo bajo Mobutu Sese Seko, Arabia Saudita bajo la Casa de Saud, entre otros, ofrecen vívidos ejemplos de esta posibilidad en el mundo real. Por supuesto, no todo régimen abundante en recursos ha seguido este camino de represión. Botswana utilizó su riqueza mineral para mejorar las capacidades del estado, construir infraestructuras, desarrollar programas de alivio de la pobreza y acumular reservas de divisas fuertes para evitar la "enfermedad holandesa". El ejemplo de Botswana muestra la importancia de la historia política a la hora de perfilar los resultados del boom de los recursos en distintos países. Botswana era una joven pero efectiva democracia, con un pasado marcado por un relativamente benigno y no agresivo legado colonial, estabilidad poscolonial y un liderazgo sagaz y responsable, cuando se descubrieron diamantes. [72] La República Democrática del Congo, en el extremo opuesto, tuvo un largo pasado de salvaje explotación colonial (incluso para los estándares africanos), conflictos étnicos, e improductivas instituciones estatales cuando Mobutu llegó al poder. [73]

   La historia de Guinea Ecuatorial, desgraciadamente, se parece mucho más a la de la República Democrática de Congo que a la de Botswana. El régimen colonial español, entonces bajo un agonizante franquismo, dejó en el poder a uno de los más brutales y temidos dictadores del África poscolonial, Macias Nguema. Nguema gobernó con puño de hierro, asesinando y forzando al exilio a más de un tercio de la población del país. Macias representaba el estereotipo de dictador endémico en el África de aquel momento, aunque él llevó su autoritarismo más lejos que nadie. [74] Gobernó el país como si fuera su hacienda personal, haciéndose llamar “Líder de Acero”, “El Único Milagro de Guinea Ecuatorial”, y “Presidente Vitalicio”. Corrían rumores de que Macias practicaba la brujería e incluso el canibalismo. Lo hiciera o no, en general la gente creía que lo hacía y vivían en un ambiente en el que su persona generaba un extremo terror. Aunque el régimen de Obiang Nguema ha resultado ser menos brutal que el de Macìas, aún sigue siendo uno de los más opresivos del mundo. [75]

   Este historial de represión y autoritarismo no ha disminuido desde el descubrimiento del petróleo. Persisten los continuos abusos de los derechos humanos y la represión. Si acaso, la recién descubierta riqueza del gobierno ha incrementado su capacidad represiva. El penal de Black Beach, en Malabo, ha conseguido una singular reputación por sus prácticas de tortura extrema y violencia a raíz de que se publicaran las acusaciones de abusos practicados a los detenidos por el intento de golpe de 2003. [76]  La represión, por consiguiente, continúa impidiendo el progreso hacia la democracia en Guinea Ecuatorial.

   Una tercera posible conexión entre recursos naturales y autoritarismo es lo que Ross llama el “efecto anti-modernización” (anti-modernization effect), que tiene sus raíces en la teoría de la modernización. [77] Sugieren muchos estudiosos que el crecimiento económico y la industrialización generan la formación de una amplia clase media, una mentalidad “moderna”, mayor educación, mejores niveles de vida y, consecuentemente, exigencias de democracia. [78] Este argumento ha sido a menudo utilizado para explicar la falta de democracia en muchos de los países pobres del mundo y su crecimiento en el opulento Occidente. Esta idea ha cobrado un renovado impulso en los últimos años, especialmente debido a estudios estadísticos que mostraban una enorme correlación entre democracia y altos ingresos per cápita y otros. Przeworski et al., por ejemplo, encuentran una clara correlación entre riqueza y consolidación democrática, aunque no con transiciones a la democracia. [79] Los vínculos entre modernización y democratización siguen sin estar claros. No obstante, muchos estudiosos sospechan que existe alguna afinidad entre niveles de crecimiento y democracia.

   Si la abundancia de recursos naturales puede obstaculizar el desarrollo, como muchos estudios sugieren, entonces, de acuerdo con la teoría de la modernización, también puede obstruir la democracia. Ross apoya estadísticamente esta hipótesis. [80] La aplicación de este argumento al caso de Guinea Ecuatorial se fundamentará en el papel que juegue el petróleo promoviendo o obstaculizando el desarrollo económico. Hasta ahora, el lamentable historial de continua pobreza, decadencia agrícola y escasa creación de empleo, no presagia nada bueno en relación con la posibilidad de una futura democracia, si es que es cierto que existe una estrecha relación entre desarrollo y democracia. La educación y la salud han mejorado sólo marginalmente, a causa de las escasas inversiones en estos sectores. La industrialización todavía está por llegar, la escasa clase media que se ha formado es fundamentalmente foránea (por ejemplo cameruneses y nigerianos), y la modernización de la economía no parece estar teniendo lugar. [81]

   Un cuarto posible vínculo entre abundancia de recursos naturales y autoritarismo descansa en el efecto de la autonomía [capacidad de hacer oíos sordos] frente a la presión internacional a favor de la democracia. Englebert y Boduszynski, por ejemplo, muestran que las transiciones africanas a la democracia han tenido lugar la mayor parte de las veces en estados pobres en recursos y dependientes de la ayuda externa. Arguyen que cualitativamente estas democracias son endebles, y, lo que es más, fundamentalmente instrumentales, por ejemplo cuando los regímenes se democratizan para apaciguar los anhelos de las organizaciones internacionales de distribución de ayuda. Por otra parte, Estados ricos en petróleo y minerales, han sido capaces de evitar la democratización gracias a esa abundancia en recursos. [82] Esto es aplicable con total seguridad al caso de Guinea Ecuatorial, en la medida que los petro-dólares han obviado la necesidad de ayuda al desarrollo, acorazando, por consiguiente, al régimen frente a la presión externa. Si EE.UU. y otros países que actualmente invierten en el petróleo del país cambiaran sus políticas, exigiendo medidas democratizadoras por parte del régimen de Nguema, esto podría cambiar drásticamente. Un cambio en esta política parece, sin embargo, poco probable, mientras altos funcionarios del gobierno de los EE.UU. sigan promoviendo la idea de que lo mejor para el futuro de la democracia en Guinea Ecuatorial es el desarrollo económico basado en el petróleo. Por consiguiente, podemos prever que en el caso de Guinea Ecuatorial persistirá  el efecto de la autonomía frente a la presión internacional. [83]

   Puede que al autoritarismo existente en Guinea Ecuatorial contribuyan todos estos efectos, esto es, el rentista, el de la represión, el de la modernización y el de la autonomía frente a la presión internacional. En concreto, la represión parece que con toda probabilidad continuará dificultando el desarrollo democrático en el país.  A pesar de que ninguno de estos mecanismos sea el responsable del surgimiento del régimen autoritario, todos ellos han fomentado probablemente su desarrollo, indicando que el boom del petróleo en Guinea Ecuatorial ha exacerbado los problemas políticos del país. Lo que es más, la riqueza del petróleo tiene el potencial de provocar todavía otro problema añadido para el país, la inestabilidad política. 

 

Recursos Naturales y Conflicto Violento 

   Una tercera variante de la maldición de los recursos vincula abundancia de recursos con conflictos violentos e inestabilidad política. La reciente intentona golpista en Guinea Ecuatorial pone de relieve la particular importancia de esta literatura para comprender los actuales acontecimientos en el país. Muchos estudiosos destacan la tendencia a que se den conflictos étnicos y regionales en estados ricos en recursos. Otros enfatizan los incentivos que, para grupos rebeldes, suponen las inmensas rentas generadas por los recursos. La forma que, de llegar a darse, adopte en el futuro esa inestabilidad política provocada por el crudo, es algo que aún está por ver. Las tensiones entre fangs y bubis, la división entre la isla y el continente, y las enormes desigualdades inducidas por el desarrollo basado en el petróleo plantean, sin embargo,  graves amenazas para la estabilidad del país.

   Muchos especialistas en Oriente Próximo argumentan que los estados distributivos están destinados a sufrir conflictos raciales, étnicos, religiosos o regionales de gran alcance. Delacroix, por ejemplo, afirma que "La base organizativa de la oposición en un estado distributivo no puede ser la clase. Por lo tanto, tendrán que activarse otras estructuras de solidaridad. Las estructuras alternativas son, por defecto, las estructuras tradicionales. Cuanto más recientemente se haya incorporado a la economía mundial, más disponibles tendrá sus estructuras sociales tradicionales. Así pues, un estado distributivo gobernando una sociedad recientemente incorporada experimentará un máximo de desafíos tribales, étnicos y religiosos". [84]

    Chaudhry, en su análisis de Arabia Saudi y Yemen, hace hincapié, de modo semejante, en la propensión de los booms de recursos (y de los labor remittance booms[1]) a institucionalizar y a exacerbar los conflictos primordiales. [85] Para Shambayati, los conflictos  no clasistas que surgen son a menudo de naturaleza ideológica, como evidenció la ascensión del Islamismo a lo largo de todo el Oriente Medio y, especialmente,  en Irán. [86] Sintetizando todos estos argumentos, Okruhlik afirma que “Los ciudadanos que cuestionan la desigual distribución de las rentas, la malversación de recursos y los hábitos derrochadores de los representantes del estado, han podido encontrar acomodo en identidades islámicas, de ámbito regional y privado. El estado ha reforzado las identidades sociales.” [87]

   Watts, en su análisis sobre la política del petróleo en Nigeria, subraya el papel tanto de los estados como de las empresas multinacionales, en el reforzamiento de las identidades sociales. Para Watts, "La presencia y actividades de las compañías petroleras.......constituyen un desafío para las formas consuetudinarias de autoridad en la comunidad, para las relaciones interétnicas, y las instituciones locales del estado, que se plantea a través de las disputas por la propiedad y por la tierra llevadas a cabo mediante formas de movilización y agitación populares. Estas luchas políticas están animadas por el deseo de obtener acceso a (i) las rentas de las empresas y a los ingresos por indemnizaciones, y (ii) a los “petro-rentas” estatales mediante la captura de recursos (a menudo de forma fraudulenta) a través de la creación de nuevas  instituciones estatales de ámbito regional y/o local". [88]

   El informe de Watts sobre la violencia étnica endémica en la región del Delta del Níger y la represión por el gobierno central de los movimientos que reivindican la justicia medioambiental, étnica y económica, muestra el explosivo potencial de entornos ricos en recursos pero pobres e institucionalmente débiles, para la aparición de manifestaciones de violencia étnica.

   El potencial del petróleo para exacerbar tensiones étnicas y regionales plantea una seria amenaza para Guinea Ecuatorial. El país tiene una larga historia de conflictos étnicos entre los bubis y los fangs. El hecho de que la mayoría de los beneficiarios del desarrollo basado en el petróleo sean fangs ha acuciado una creciente animosidad entre los bubis, especialmente porque la mayoría de los yacimientos de petróleo del país se encuentran más próximos a Bioko que a Río Muni. El movimiento secesionista ha crecido en Bioko y entre los exiliados bubsi en España. Mientras Guinea Ecuatorial continúe su camino de crecimiento económico poco equitativo, los riesgos de violencia étnica y regional no harán más que aumentar. [89]

   La literatura reciente sobre guerras civiles y étnicas  subraya a menudo los efectos de la abundancia de recursos naturales sobre los conflictos. Collier y Hoeffler, por ejemplo, encuentran que estados excesivamente dependientes de sus recursos naturales afrontan un riesgo mucho más alto de guerra civil que estados pobres en recursos. Hacen hincapié en la codicia de los grupos rebeldes como principal motivación para el conflicto civil, frente a las quejas  de naturaleza política y económica. En su análisis, el acceso a recursos para financiar sus alzamientos y la perspectiva de una gratificación económica establece la conexión entre abundancia de recursos y violencia. [90] Fearon y Laitin, usando diferentes baterías de datos, encuentran que los países exportadores de petróleo, pero no de otras materias primas, tienen mayor tendencia a sufrir una guerra civil. Más que enfatizar el "afán de lucro" por encima de las ‘protestas’, concentran su análisis en los factores que conducen a la insurgencia. Recursos que pesan poco pero de gran valor, como petróleo, diamantes, coca y opio promueven la guerra civil al hacer más fácil para los rebeldes su financiación. [91] Fearon arguye que el petróleo, al debilitar las instituciones estatales, fomenta la decadencia del estado y, en consecuencia, la rebelión, un descubrimiento este que más tarde encontró apoyo en un análisis econométrico realizado por Humphreys. [92] Los hallazgos de Fearon y Laitin, Fearon, y Humphreys, todos ellos, apuntan a la complejidad de la relación entre recursos y violencia. Los recursos por sí solos no instigan la guerra, pero pueden contribuir a la violencia de muchas maneras.

   Englebert y Ron llegan más lejos y constatan la naturaleza condicional de la relación entre materias primas y conflicto. En su análisis de la guerra civil en Congo-Brazaville, por ejemplo, muestran que aunque el petróleo contribuyó a la guerra, sin embargo no fue causa suficiente para instigar la violencia. Además, argumentan que la naturaleza externa de sus reservas de crudo (situadas en mar abierto) circunscribió el conflicto a la capital dado que únicamente el control del estado podría hacer que los rebeldes se hiciesen con los ingresos del petróleo. [93] Este tipo de análisis de Englebert y Ron sugiere que cualquier conflicto sobre recursos en Guinea Ecuatorial se concentrará también, muy probablemente, en la capital, dado que todos los recursos del país están en mar abierto [offshore]. Únicamente un control completo del estado aseguraría el dominio sobre las rentas del petróleo en Guinea Ecuatorial, convirtiendo el control del estado, y no el de determinadas regiones, en el objetivo primordial de cualquier guerra que tenga como objetivo hacerse con las rentas del petróleo. Las dos últimas intentonas golpistas tenían como objetivo el control de Malabo, lo que viene a presentar más evidencias respecto a esta tesis.

   Ross presenta otro posible mecanismo a través del cuál el petróleo puede promover la inestabilidad en Guinea Ecuatorial: lo que él llama “futuros botines” (booty futures) –la venta de derechos de explotación futura sobre recursos naturales. [94] Ross plantea que el mercado de estos futuros beneficios podría ser exclusivo de África, pudiendo constituir una de las explicaciones de  la preponderancia de guerras civiles y golpes de estado en el continente. Ross califica la intentona golpista del 2004 en Guinea Ecuatorial como un ejemplo de golpe instigado por un “booty future”, a través del cual los autores habrían recibido ofertas por los futuros beneficios derivados del petróleo. Las extraordinariamente grandes reservas de crudo de Guinea Ecuatorial, y la probabilidad de futuros hallazgos, hace plausible que la posible venta de “futuros botines” animen otros golpes de estado y, posiblemente, puedan inducir el derrocamiento del gobierno.

   Los dirigentes de Guinea Ecuatorial se enfrentan con numerosos obstáculos si esperan evitar una inestabilidad política futura. La tendencia de los países con abundantes recursos, particularmente los productores de petróleo, a padecer altos niveles de violencia política y de conflicto étnico, la actual distribución radicalmente desigual de los beneficios del petróleo, y la larga historia de conflictos entre fangs y bubis y entre Bioko y Río Muni podrían combinarse hasta conducir al país a una situación de algún tipo de violencia política. La reciente intentona golpista es una prueba de esta posibilidad. Por otra parte, la naturaleza externa de las reservas petrolíferas del país sugiere que las tentativas de extender la violencia se centrarán en la capital del país, con el objetivo de ganar el control absoluto del gobierno, como ocurrió en Congo-Brazaville. Como anteriormente hemos señalado, no es probable que dichos intentos para hacerse con el control del estado desencadenen una transición a la democracia. Más bien, y casi con toda probabilidad, incitarán a una mayor represión por parte de Obiang de no tener éxito y a más inestabilidad y autoritarismo de tenerlo.

 

CONCLUSIÓN 

   Guinea Ecuatorial se ha convertido ya en uno de los países productores de petróleo con renta per cápita más alta del mundo. Sin embargo, la mayoría de los guineo-ecuatorianos viven en una lamentable pobreza bajo uno de los peores dictadores de África. La literatura de la maldición de los recursos sugiere que esos problemas persistirán, si es que no empeoran, mientras el país continúa desarrollando su industria petrolera. Además, la proclividad de los productores de petróleo a padecer conflictos étnicos y regionales arroja una sombra de duda sobre la futura estabilidad del país. Aunque el crudo ha estado extrayéndose solo durante una década, todas las señales indican que Guinea Ecuatorial está, de hecho, dirigiéndose hacia mayores fracasos de sus políticas de desarrollo, autoritarismo, e inestabilidad política, reivindicando de está forma las conclusiones de la literatura de la maldición de los recursos.

   La excepcional situación política y económica del país, sin embargo, condicionará la economía política del petróleo en formas que quizá difieran de las prescripciones generales de la literatura de la maldición de los recursos. El reducido tamaño del país y sus abundantes reservas de crudo podrían permitirle seguir un camino de desarrollo que reporte más ingresos a la población a través de servicios públicos y sociales a gran escala. El actual régimen no muestra signos de estar interesado en esta idea, aunque una creciente oposición de la población podría forzar esta opción. Es más probable, sin embargo, que el amplio caeracter delictivo del aparato estatal Guineo-Ecuatoriano exacerbe los problemas del crecimiento basado en el petróleo incitando a la elite dirigente a ocuparse en actividades incluso menos productivas o redistributivas que las que tienen lugar en la mayoría de los petro-estados. La división regional y étnica del país entre bubid y fangd probablemente inducirá a que el conflicto siga esos derroteros, en tanto que las dos líneas de división se solapan y también coinciden con diferencias en el acceso a los ingresos derivados del petróleo. La naturaleza externa (de offshore) de las reservas de crudo indica además que las guerras civiles vinculadas a los recursos en Guinea Ecuatorial con toda probabilidad seguirán un patrón similar a las acaecidas en Congo-Brazaville, donde el petróleo está también en la plataforma continental en oposición a Nigeria, donde el crudo está tanto en la plataforma continental como tierra adentro en el Delta del Níger.

   Las cada vez más estrechas relaciones entre los EE.UU. y Guinea Ecuatorial constituirán un último,  y quizás especialmente importante, factor para determinar el futuro de la economía política del país. Los intereses estratégicos de EE.UU. en la región han impulsado, hasta ahora, un intento por mejorar las relaciones entre los dos países y asegurar la estabilidad, de modo que se mantenga sin interrupciones la producción de petróleo. Los EE.UU. han mirado hacia otro lado en relación con los abusos en materia de derechos humanos, la conducta delictiva, y la brutalidad del actual régimen a cambio de un cómodo acceso al petróleo. Guinea Ecuatorial, no obstante, sigue siendo tan dependiente de los inversores norteamericanos como los EE.UU. lo son de su petróleo. Consecuentemente, un genuino intento por parte de los EE.UU. de promover un patrón de desarrollo más equitativo o el progreso de los derechos políticos y civiles, podría, probablemente, tener bastante éxito. El gobierno de los EE.UU. podría, con bastante facilidad, hacer uso de su ventaja económica para obligar a Obiang a aceptar la democratización y/o los resultados de un desarrollo más equitativo. Por ejemplo, los EE.UU. podrían fácilmente condicionar la firma de contratos petroleros a cambios en las políticas y controlar minuciosamente dichos cambios. Los EE.UU. podrían también ofrecer efectiva seguridad al régimen junto con estos incentivos económicos para forzar el cambio. El reducido tamaño y las abundantes reservas de crudo de Guinea Ecuatorial implican que incluso con meras reformas se podrían mejorar las vidas de los guineo-ecuatorianos. Desgracidamente, sin embargo, ningún cambio se observa en el horizonte, acrecentando así la probabilidad de que Guinea Ecuatorial continuará abandonándose a su actual camino de delitos, corrupción y autocracia. 

_______________________________________________________________________ 

[1] La palabra remittance, podría hace referencia al dinero que trabajadores emigrantes envían a sus familiares. En este sentido, el aumento de los sueldos en el sector objeto del boom parece que propiciará también el incremento de las sumas enviadas, aumentando las diferencias de ingresos entre quienes reciben esas crecientes cantidades y quienes no. [Nota del traductor] 

   [1] Mark du Toit es un antiguo miembro de Executive Outcomes (EO), el infame, y ahora desaparecido, grupo mercenario. EO ha actuado, con gran éxito, a lo largo de todo el continente, en especial en la guerra de Liberia en los años 1990.  EO estaba compuesta de los restos del Batallón Búfalo, ejército paramilitar sudafricano que luchó en Namibia y Angola durante los años 1970 y 1980.  Du Toit es conocido por sus estrechos vínculos con muchos antiguos miembros del Batallón. 

   [2] Economy of Equatorial Guinea, 2001 estimate, http://www.appliedlanguage.com/country_guides/equatorial_guinea_country_economy.shtml 

   [3] “The World’s Most Repressive Societies,” Freedom House, http://www.docuticker.com/2005/04/worst-of-worst-worlds-most-repressive.html 

   [4] The CIA World Factbook, 2005, http://www.cia.gov/cia/publications/factbook/geos/ek.html  

   [5] Para la discusión pormenorizada de la persistencia de estos problemas, vèase Terry Karl and Ian Gary, The Bottom of the Barrel: Africa’s Oil-Boom and the Poor, Catholic Relief Services, 2003.   

   [6] Human Development Report, 2004. 

   [7] “The World’s Most Repressive Regimes,” 2004. 

   [8] Max Liniger-Goumaz, Small is Not Always Beautiful: The story of Equatorial Guinea, Rowman and Littlefield, Savage, MD, 1989. 

   [9] Samuel Decalo, “African Personal Dictatorships,” The Journal of Modern African Studies, Vol. 23, No. 2, June 1985. 

   [10] Geoffrey Wood.  “Business and Politics in a Criminal State: The Example of Equatorial Guinea,” African Affairs, 103/413, Royal African Society, 2004.  

   [11] Decalo, 1985. 

   [12] Liniger-Goumaz, 1989. 

   [13] Ibid. 

   [14] Francois Bayart, Stephen Ellis and Beatrice Hibou, The Criminalization of the State in Africa, Indiana University Press, 1999. 

   [15] Robert Klitgaard, Tropical Gangsters: One Man’s Experience with Development and Decadence in Deepest Africa, Basic Books, 1990. 

   [16] Para una detallada narración de estas actividades ilegales, vèase Wood, 2004. Para un relato un tanto obsoleto, vèase Bayart, et al.   

   [17] Ken Silverstein, “U.S. Oil Politics in the ‘Kuwait of Africa,’” The Nation, April 4, 2002; http://www.thenation.com/doc.mhtml?i=20020422&c=1&s=silverstein 

   [18] Ibid. 

   [19] Peter Maas, “A Touch of Crude,” Mother Jones Journal, http://www.motherjones.com/news/feature/2005/01/12_400.html, January/February, 2005. 

   [20] Ibid. 

   [21] Véase la Conclusión. 

   [22] Raul Prebisch, The Economic Development of Latin America and its Principal Problems, U.N., Lake Success, N.Y., 1950; Hans Singer. “The Distribution of Trade between Investing and Borrowing Countries,” American Economic Review, 40, 1950.   

   [23] John Cuddington y Hong Wei. “An Empirical Analysis of the Prebisch-Singer Hypothesis: Aggregation, Model Selection and Implications,” en Hans Singer, et al, Export-led Growth versus Balanced Growth in the 1990s, New World Series, Vol. 13, Delhi, 1998. 

   [24] Por ejemplo,  David Sapsford y V.N. Balasubramanyan. “The Long-Run Behavior of the Relative Price of Primary Commodities: Statistical Evidence and Policy Implications,” World Development, 22, no. 11, November 1994. 

   [25] Eduardo Borensztein y Carmen M. Reinhart, "The Macroeconomic Determinants of Commodity Prices," IMF Staff Papers, 41, June 1994; Michael Bleeney y David Greenaway, “Long-Run Trends in the Price of Primary Commodities and in the Terms of Trade of Developing Countries, Oxford Economic Papers, Vo.. 45., No. 3, July 1993.   

   [26] Ragnar Nurkse, Equilibrium Growth in the World Economy, Harvard University Press, Cambridge, 1961. 

   [27] Jedrzej George Frynas, “The Oil Boom in Equatorial Guinea,” African Affairs 103 (413), 2004. 

   [28] Albert Hirschman, The Strategy of Economic Development, Yale University Press, New Haven, 1958.   

   [29] Véase, por ejemplo,  Michael Ross, “The Political Economy of the Resource Curse,” World Politics 51, January 1999. 

   [30] Max W. Corden and S. Peter Neary. “Booming Sector and Deindustrialization in a Small Open Economy,” Economic Journal, 92, December 1982. 

   [31] Jeffrey Sachs and Andrew Warner, “Natural Resource Abundance and Economic Growth,” NBER Working Paper Series, 5398, 1995. 

   [32] Alan Gelb, ed. Oil Windfalls: Blessing or Curse, Oxford University Press, New York, 1988. 

   [33] Henry Bienen, “Nigeria: From Windfall Gains to Welfare Losses,” in Gelb, 1988. 

   [34] Sven Wunder, “When the Dutch Disease Met the French Connection: Oil, Macroeconomics and Oil in Gabon,” CIFOR-CARPE-USAID Report, Center for International Forestry Research, Jakarta, 2003.  

   [35] Nancy C. Benjamin, Shantayanan Devarajan and Robert J. Weiner, “The ‘Dutch Disease’ in a Developing Economy: Oil Reserves in Cameroon,” Journal of Development Economics 30, January 1989. 

   [36] Ross, 1999. 

   [37] Terry Karl. The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States, University of California Press, Berkeley, 1997, p. 5. 

   [38] Kiren Aziz Chaudhry. The Price of Wealth: Economies and Institutions in the Middle East, Cornell University Press, Ithaca and London, 1997, p. 187. 

   [39] Ibid, p. 5. 

   [40] Maria Sawaff and Moortaza Jiwanji, “Beating the Resource Curse: The Case of Botswana,” Environmental Economics Series, Paper No. 83, World Bank, Washington D.C., 2001.  

   [41] Abdi Ismail Samatar, An African Miracle: State and Class Leadership in Botswana Development, Heinemann, 2002. 

   [42] Frynas, 2004.   

   [43] El descenso de la producción de cacao precedió a la "enfermedad holandesa", si bien la "enfermedad holandesa" apareció al haberse exacerbado el declive de la industria. Para inversiones en el sector petrolero, vèase, “Oil Boom puts Equatorial Guinea on economic fast-track,” Reuters Alert-Net, 2001, http://www.alertnet.org/thefacts/reliefresources/255187.htm   

   [44] Hazem Beblawi, “The Rentier State in the Arab World,” in Luciani ed., The Arab State, University of California Press, Berkeley, 1990. 

   [45] Giacomo Luciani, “Allocation versus Production States: A Theoretical Framework,” in Luciani ed., The Arab State, University of California Press, Berkeley, 1990, p. 71. 

   [46] Hussein Mahdavy. “The Patterns and Problems of Economic Development in Rentier States: The Case of Iran,” en M.A. Cook, ed., Studies in the Economic History of the Middle East, Oxford University Press, London, 1970.   

   [47] Lisa Anderson. “The State in the Middle East and North Africa,” Comparative Politics, 20, 1987. 

   [48] Hootan Shambayati.  “The Rentier State, Interest Groups and the Paradox of Autonomy: State and Business in Turkey and Iran,” Comparative Politics, 26, April 1994. 

   [49] Michael Bratton y Nicolas van de Walle, Democratic Experiments in Africa: Regime Transitions in Comparative Perspective, Cambridge University Press, New York, 1997. 

   [50] Kiren Chaudhry, The Price of Wealth: Institutions and Economies in the Middle East, Cornell University Press, 1997, p. 187. 

   [51] Gwenn Okruhlik, “Rentier Wealth, Unruly Law, and the Rise of Opposition: The Political Economy of Oil States,” Comparative Politics, Vol. 31, No. 3, April 1999. 

   [52] Kiren Aziz Chaudhry. “The Price of Wealth: Business and State in Labor Remittance and Oil Economies,” International Organization, 43, 1989; Kiren Aziz Chaudhry. The Price of Wealth: Institutions and Economies in the Middle East, Cornell University Press, Ithaca and London, 1997. 

   [53] Jacques Delacroix. “The Distributive State in the World System,” in Studies in Comparative International Development, Vol. 15, 1980. 

   [54] Chaudhry, 1989 and Chaudhry 1997. 

   [55] Nancy Birdsall y Arvind Subramanian, “Saving Iraq From Its Oil,” Foreign Affairs, Vol. 83, No. 4, July/August 2004. 

   [56] Peter Lewis, “From Prebendalism to Predation: The Political Economy of Decline in Nigeria, The Journal of Modern African Studies, 34, 1, March 1996. 

   [57] Michael Ross. “Does Oil Hinder Democracy?” World Politics, 53, April 2001. 

   [58] Ricky Lam and Leonard Wantchekon. “Political Dutch Disease,” Working Paper, November 2002, p. 2.   

   [59] Leonard Wantchekon. “Why Do Resource Dependent Countries Have Authoritarian Governments?” Journal of African Finance and Economic Development, Vol. 5, No. 2, 2002. 

   [60] Véase Ross 2001 y Englebert and Boduszynski, 2005.

   [61] Samuel P. Huntington, The Third Wave: Democratization in the Late 20th Century, Norman University of Oklahoma Press, 1991, p. 65; en Michael Ross, “Does Taxation Lead to Representation?” British Journal of Political Science, 34, 2004, British Journal of Political Science, 34, 2004. 

   [62] Anderson, 1987, p. 10. 

   [63] Chaudhry, 1989. 

   [64] Jill Crystal, Oil and Politics in the Gulf: rulers and merchants in Kuwait and Qatar, New York: Cambridge University Press, 1990. 

   [65] Vèase, por ejemplo, Barrington Moore. Social Origins of Dictatorship and Democracy: Lord and Peasant in the Making of the Modern World, Beacon Press, Boston, 1966.  

   [66] Ross, 2001; Gwenn Okrulhik. “Rentier Wealth, Unruly Law and the Rise of Opposition: The Political Economy of Oil States,” Comparative Politics, Vol. 31, No. 3, April 1999. 

   [67] David Leonard y Scott Straus, Africa’s Stalled Development: International Causes and Cures, Lynne Rienner, 2003. 

   [68] Se puede probar que Guinea Ecuatorial es, de hecho ,de todos los estados situados fuera del Oriente Medio, el más rentista de todos ellos. Sao Tomè y Principe, otro micro estado en el Golfo de Guinea, es el único que podría competir con Guinea Ecuatorial en este aspecto. Aunque la producción de crudo acaba de empezar en este último país, sus enormes reservas en offshore, y su todavía más reducida población podrían hacer de Sao Tomé el país más rico en petróleo (en renta per cápita) de la Tierra. 

   [69] Karl, 2003; Silverstein, 2004. 

   [70] Michael Bratton y Nicolas van de Walle, Democratic Experiments in Africa, 1997.    

   [71] Ross, 2001.  

   [72] Samatar, 1999.  

   [73] Pierre Englebert, State Legitimacy and Development in Africa, Lynne Reinner, Boulder CO, 2001.  

   [74] Robert Jackson and Carl Rosberg, Personal Rule in Black Africa: Prince, Autocrat, Prophet, Tyrant, University of California Press, Berkeley, 1982.      

   [75] Liniger-Goumaz, 1989. 

   [76] Silverstein, 2004.  

   [77] Ross, 2002.   

   [78] Sobre la importancia de las clases medias, vèase Barrington Moore, 1968. Sobre la importancia de los valores modernos vèase David Lerner, The Passing of Traditional Society: Modernizing the Middle East, Free Press, Glencoe, Il, 1958. 

   [79] Adam Przeworski, Michael E. Alvarez, Jose Antonio Cheibub y Fernando Limongi. “What Makes Democracies Endure?” en Larry Diamond and Marc F. Plattner, ed., The Global Divergence of Democracies, Johns Hopkins Press, Baltimore and London, 2001.   

   [80] Ross, 2001. 

   [81] Wood, 2004; Frynas, 2004; Silverstein, 2004. 

   [82] Pierre Englebert y Monica Boduszynski. “Poverty and Democracy in Africa,” Oldenborg Working Paper 2005/1, 2005.   

   [83] Maas, 2004; Silverstein, 2004.   

   [84] Delacroix, 1980, p. 11.   

   [85] Chaudhry, 1989.   

   [86] Shambayati, 1994. 

   [87] Okrulhik, 1999, p. 300. 

   [88] Michael Watts. “Resource Curse? Governmentality, Oil and Power in the Niger Delta,” Geopolitics, 2005, p. 54.   

   [89] Silverstein, 2004; Frynas, 2004; Wood, 2004. 

   [90] Paul Collier y Anke Hoeffler, Greed and Grievance in Civil War, World Bank Paper, October, 2001 

   [91] James D. Fearon and David Laitin, “Ethnicity, Insurgency and Civil War,” American Political Science Review 97, February 2003. 

   [92] James D. Fearon, “Why Do Some Civil Wars Last So Much Longer Than Others?” Journal of Peace Research, 41, 3, March, 2004; Macartan Humphreys, “Natural Resources, Conflict and Conflict Resolution: Uncovering the Mechanisms,” Journal of Conflict Resolution, 49 (4), August 2005, 508-537. 

   [93] Pierre Englebert y James Ron, “Primary Commodities and War: Congo-Brazzavile’s Ambivalent Resource Curse,” Comparative Politics, October 2004, 61-81.   

  [94] Michael Ross, “Booty Futures,” Unpublished Working Paper, May 6, 2005, available at http://www.polisci.ucla.edu/faculty/ross/ 

­-----------------------------------------------------

REFERENCIAS: 

   Abdi Ismail Samatar, An African Miracle: State and Class Leadership in Botswana Development, Heinemann, 2002. 

   Albert Hirschman, The Strategy of Economic Development, Yale University Press, New Haven, 1958. 

   Alan Gelb, ed. Oil Windfalls: Blessing or Curse, Oxford University Press, New York, 1988.    Cures, Lynne Rienner, 2003. 

   David Sapsford y V.N. Balasubramanyan. “The Long-Run Behavior of the Relative Price of Primary Commodities: Statistical Evidence and Policy Implications,” World Development, 22, no. 11, November 1994. 

   Economy of Equatorial Guinea, 2001 estimate, http://www.appliedlanguage.com/country_guides/equatorial_guinea_country_economy.shtml 

   Eduardo Borensztein y Carmen M. Reinhart, "The Macroeconomic Determinants of Commodity Prices," IMF Staff Papers, 41, June 1994. 

   Francois Bayart, Stephen Ellis y Beatrice Hibou, The Criminalization of the State in Africa, Indiana University Press, 1999. 

   Geoffrey Wood.  “Business and Politics in a Criminal State: The Example of Equatorial Guinea,” African Affairs, 103/413, Royal African Society, 2004.  

   Giacomo Luciani, “Allocation versus Production States: A Theoretical Framework,” in Luciani ed., The Arab State, University of California Press, Berkeley, 1990. 

   Gwenn Okruhlik, “Rentier Wealth, Unruly Law, and the Rise of Opposition: The Political Economy of Oil States,” Comparative Politics, Vol. 31, No. 3, April 1999. 

   Hans Singer. “The Distribution of Trade between Investing and Borrowing Countries,” American Economic Review, 40, 1950. 

   Hazem Beblawi, “The Rentier State in the Arab World,” en Luciani ed., The Arab State, University of California Press, Berkeley, 1990. 

   Hootan Shambayati.  “The Rentier State, Interest Groups and the Paradox of Autonomy: State and Business in Turkey and Iran,” Comparative Politics, 26, April 1994. 

   Human Development Report, United Nations Development Program, New York, 2004 

   Hussein Mahdavy. “The Patterns and Problems of Economic Development in Rentier States: The Case of Iran,” en M.A. Cook, ed., Studies in the Economic History of the Middle East, Oxford University Press, London, 1970. 

   Jacques Delacroix. “The Distributive State in the World System,” in Studies in Comparative International Development, Vol. 15, 1980. 

   James D. Fearon y David Laitin, “Ethnicity, Insurgency and Civil War,” American Political Science Review 97, February 2003.  

   James D. Fearon, “Why Do Some Civil Wars Last So Much Longer Than Others?” Journal of Peace Research, 41, 3, March, 2004. 

   Jedrzej George Frynas, “The Oil Boom in Equatorial Guinea,” African Affairs 103 (413), 2004.

   Jeffrey Sachs and Andrew Warner, “Natural Resource Abundance and Economic Growth,” NBER Working Paper Series, 5398, 1995. 

   Jill Crystal, Oil and Politics in the Gulf: rulers and merchants in Kuwait and Qatar, New York: Cambridge University Press, 1990. 

   John Cuddington y Hong Wei. “An Empirical Analysis of the Prebisch-Singer Hypothesis: Aggregation, Model Selection and Implications,” en Hans Singer, et al, Export-led Growth versus Balanced Growth in the 1990s, New World Series, Vol. 13, Delhi, 1998. 

   Ken Silverstein, “U.S. Oil Politics in the ‘Kuwait of Africa,'” The Nation, April 4, 2002; http://www.thenation.com/doc.mhtml?i=20020422&c=1&s=silverstein 

   Kiren Aziz Chaudhry. “The Price of Wealth: Business and State in Labor Remittance and Oil Economies,” International Organization, 43, 1989. 

   Kiren Aziz Chaudhry. The Price of Wealth: Economies and Institutions in the Middle East, Cornell University Press, Ithaca and London, 1997. 

   Larry Diamond y Marc F. Plattner, ed., The Global Divergence of Democracies, Johns Hopkins Press, Baltimore and London, 2001. 

   Leonard Wantchekon. “Why Do Resource Dependent Countries Have Authoritarian Governments?”, Journal of African Finance and Economic Development, Vol. 5, No. 2, 2002. 

   Lisa Anderson. “The State in the Middle East and North Africa,” Comparative Politics, 20, 1987. 

   Macartan Humphreys, “Natural Resources, Conflict and Conflict Resolution: Uncovering the Mechanisms,” Journal of Conflict Resolution, 49 (4), August 2005, 508-537.

   Maria Sawaff and Moortaza Jiwanji, “Beating the Resource Curse: The Case of Botswana,” Environmental Economics Series, Paper No. 83, World Bank, Washington D.C., 2001. 

   Max W. Corden y S. Peter Neary. “Booming Sector and Deindustrialization in a Small Open Economy,” Economic Journal, 92, December 1982. 

   Max Liniger-Goumaz, Small is Not Always Beautiful: The story of Equatorial Guinea, Rowman and Littlefield, Savage, MD, 1989. 

   Michael Bleeney and David Greenaway, “Long-Run Trends in the Price of Primary Commodities and in the Terms of Trade of Developing Countries, Oxford Economic Papers, Vol. 45., No. 3, July 1993. 

   Michael Bratton y Nicolas van de Walle, Democratic Experiments in Africa, Cambridge University Press, Cambridge, 1997. 

   Michael Ross, “Booty Futures,” Unpublished Working Paper, May 6, 2005, en http://www.polisci.ucla.edu/faculty/ross/  

   Michael Ross. “Does Oil Hinder Democracy?” World Politics, 53, April 2001. 

   Michael Ross, “Does Taxation Lead to Representation?” British Journal of Political Science, 34, 2004. 

   Michael Ross, “The Political Economy of the Resource Curse,” World Politics 51, January 1999. 

   Michael Watts. “Resource Curse? Governmentality, Oil and Power in the Niger Delta,” Geopolitics, 2005, p. 54.   

   Nancy C. Benjamin, Shantayanan Devarajan y Robert J. Weiner, “The ‘Dutch Disease' in a Developing Economy: Oil Reserves in Cameroon,” Journal of Development Economics 30, January 1989. 

   Nancy Birdsall y Arvind Subramanian, “Saving Iraq From Its Oil,” Foreign Affairs, Vol. 83, No. 4, July/August 2004. 

   “Oil Boom puts Equatorial Guinea on economic fast-track,” Reuters Alert-Net, 2001, http://www.alertnet.org/thefacts/reliefresources/255187.htm 

   Paul Collier y Anke Hoeffler, Greed y Grievance en Civil War, World Bank Paper, October, 2001. 

   Peter Lewis, “From Prebendalism to Predation: The Political Economy of Decline in Nigeria, The Journal of Modern African Studies, 34, 1, March 1996. 

   Peter Maas, “A Touch of Crude,” Mother Jones Journal, http://www.motherjones.com/news/feature/2005/01/12_400.html, January/February, 2005. 

   Pierre Englebert, State Legitimacy and Development in Africa, Lynne Reinner, Boulder CO, 2001.  

   Pierre Englebert y James Ron, “Primary Commodities and War: Congo-Brazzavile's Ambivalent Resource Curse,” Comparative Politics, October 2004, 61-81. 

   Pierre Englebert y Monica Boduszynski. “Poverty and Democracy in Africa,” Oldenborg Working Paper 2005/1, 2005. 

   Ragnar Nurkse, Equilibrium Growth in the World Economy, Harvard University Press, Cambridge, 1961. 

   Raul Prebisch, The Economic Development of Latin America and its Principal Problems, U.N., Lake Success, N.Y., 1950. 

   Ricky Lam y Leonard Wantchekon. “Political Dutch Disease,” Unpublished Paper, November 2002, p. 2 (not available online). 

   Robert Jackson y Carl Rosberg, Personal Rule in Black Africa: Prince, Autocrat, Prophet, Tyrant, University of California Press, Berkeley, 1982. 

   Robert Klitgaard, Tropical Gangsters: One Man's Experience with Development and Decadence in Deepest Africa, Basic Books, 1990. 

   Samuel Decalo, “African Personal Dictatorships,” The Journal of Modern African Studies, Vol. 23, No. 2, June 1985. 

   Sven Wunder, “When the Dutch Disease Met the French Connection: Oil, Macroeconomics and Oil in Gabon,” CIFOR-CARPE-USAID Report, Center for International Forestry Research, Jakarta, 2003. 

   Terry Karl. The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States, University of California Press, Berkeley, 1997. 

   Terry Karl e Ian Gary, The Bottom of the Barrel: Africa's Oil-Boom and the Poor, Catholic Relief Services, 2003.   

   The CIA World Factbook, 2005, http://www.cia.gov/cia/publications/factbook/geos/ek.html 

  “The World's Most Repressive Societies,” Freedom House, http://www.docuticker.com/2005/04/worst-of-worst-worlds-most-repressive.html 

_______________________________________________________________________ 

   (*) Brendan McSherry es estudiante de doctorado en Ciencia Política en la Universidad de California, Berkeley. Su artículo The Political Economy of Oil in Equatorial Guinea apareció en la revista "African Studies Quarterly", volumen 8, número 3, 2006.

   http://www.africa.ufl.edu/asq/v8/v8i3a2.htm 

   La traducción es de Luis y de Juan.

­­­­­­­­­­­­­­­­­

   Para referencias se sugiere utilizar la siguiente: Brendan McSherry. "The Political Economy of Oil in Equatorial Guinea." African Studies Quarterly 8, no. 3: [online] URL: http://web.africa.ufl.edu/asq/v8/v8i3a2.htm

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

Índice Noticias